El jodido Real Madrid

En el mundo moderno está cada vez más de moda mirar a los aficionados apasionados de los clubes de fútbol como si fueran enfermos mentales. Estamos mal vistos los hinchas que seguimos religiosamente cada partido de nuestro club. Ir al fútbol está considerado un acto retrógrado y anticultural por aquellos mismos que ven poesía en cuatro palabras mal escritas sin métrica alguna y que ni siquiera riman, aquellos que perciben arte hasta en una persona cagando. Sin embargo no son capaces de percibir el choque de civilizaciones que se produce cada vez que dos equipos de gran rivalidad se enfrentan, como dos formas diferentes de entender el fútbol, y por ende la vida, entran en conflicto dando lugar a una batalla maravillosa de once contra once mientras son observados por miles de personas con sed de victoria. Cada equipo de fútbol representa a una parte de la sociedad (y a cuatro o cinco subnormales), representa unas ideas, y nuestro club nos da la posibilidad de soñar con que nuestras ideas triunfen.

El madridismo no sólo es perseguido por los críticos del fútbol, sino también por los aficionados del resto de equipos. Se creen por ahí que lo que representamos es soberbia, prepotencia y victimismo. Se autoengañan, nos adjudican el discurso de otros como si fuera propio. El Real Madrid lo que representa a nivel mundial son las ganas inagotables de querer ser siempre el mejor, es la fe en la victoria hasta el final, por muy adversas que sean las circunstancias.

Es cierto que el Real Madrid no nos da de comer a la gran mayoría de madridistas, como nos suele decir esa gente a la que le importa un carajo el fútbol, pero hace algo mucho más importante, nos alimenta moralmente. Nos proporciona ilusión, esperanza y la ocasión de saborear la dulce victoria tras un día de mierda. El Real Madrid tiene la maravillosa fuerza de conseguir mantenerte en pie aunque tu vida sea un desastre, porque siempre te quedará esa parte de tu vida en la que pase lo que pase seguirás siendo un jodido ganador, porque eres del jodido Real Madrid. No conozco mejor sensación que la de remontar un partido en el tiempo de descuento, no sólo por el éxtasis desenfrenado que produce en la afición, sino porque un gol de la victoria en el último segundo hace parecer por unos instantes que todo es posible. De repente todo está al alcance, de repente puedes lograr cualquier cosa, de repente todo parece un poco mejor aunque sólo sea por un momento, unas horas, o unos días. El gol no sólo cambia el signo del partido, también cambia el signo de la vida.

No es sólo fútbol, no sólo son veintidós hombres corriendo detrás de un balón y por supuesto el Real Madrid no es simplemente un equipo de fútbol. El fútbol nos proporciona sueños y el Real Madrid nos da la posibilidad de cumplirlos. El mundo es un lugar menos cruel y un poquito más justo después de una victoria del Real Madrid, o al menos así será siempre para mí. Queridos modernos, si no son capaces de entender esto no lo intenten más, porque jamás podrán.

 

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No hay gloria alguna en el intento

Nos mienten, nos engañan desde pequeñitos diciéndonos que lo importante es trabajar duro por lo que uno quiere, esforzarse por intentar conseguir un objetivo. “Lo importante es participar” les repiten a los niños todos los días. Cuando lo único importante de verdad es ganar. Nadie se acuerda de los participantes de un mundial, se acuerdan del ganador.

“Nadie nos podrá arrebatar la gloria del intento” dejó escrito una vez el portavoz del loserismo en twitter Fonsi Loaiza. ¿Es la frase más perdedora de la historia? ¿A caso hay gloria alguna en el intento? Si tienes un objetivo y no eres capaz de conseguirlo, ¿qué tipo de gloria obtienes? Intentar y fracasar no tiene gloria alguna, a lo mejor tiene mérito por todo el esfuerzo empleado, pero no hay nada que celebrar en ello.

La gente no se acuerda de los que lo intentaron, la gente se acuerda de los que perdieron o de los que ganaron. Y la derrota nunca es buena por mucho que lo quieran disfrazar algunos, puede tener un lado positivo, sí, pero nunca será positiva en sí misma. Jamás se fíen de alguien que diga que le da igual ganar o perder, sea en lo que sea.

La gloria siempre estuvo en la victoria, en ser el mejor,en saberlo y saborearlo. Porque lo que de verdad nos mueve en esta vida son nuestras pequeñas victorias personales, sobre todo aquellas en las que todo el mundo nos dice que no lograremos. Porque al final la vida consiste solamente en eso, ganar.