La La Land: arte en la pantalla

La La Land: arte en la pantalla

El único problema que tiene La La Land como película es que la crítica popular dice que es muy buena, y efectivamente, lo es. Damien Chazelle no nos cuenta nada nuevo en su película, pero sí lo hace con un soplo de aire fresco, de una manera armoniosa, divertida y llena de color que, coincidiendo otra vez con la crítica popular, invita a salir bailando del cine. Lo sé, suena al típico musical cursi de siempre, pero ese es el mayor triunfo de La La Land, que hablando de amor y del sueño americano no sea una película empalagosa más, sino que sea probablemente la película del año. Además es de agradecer, por parte de los que no somos aficionados al género musical, que la película sea tan dinámica.

Emma Stone comiéndose la pantalla una vez más, no sorprende, ya lo hizo en Criadas y Señoras, también peleó por el Oscar de la mano de Iñárritu hace un par de ediciones y, con suerte, este año lo gana, todo depende de Natalie Portman. Lo que está claro es que La La Land es un maravilloso viaje en el que Emma nos lleva cogidos de la mano plenamente a su merced. Lo que sí sorprende es que Ryan Gosling, una vez más en el papel de tío buenorro, se dejara su caracartón en casa y lo hiciera para hacer una actuación inmensa en la que, en mi opinión, conecta muy bien con el espectador y le hace reír y sobre todo sentir.

Lo que busco cuando voy al cine es no arrepentirme por haber pagado y esta película realmente vale el precio de la entrada. Es una obra en la que el espectador empatiza rápido con los personajes, lo que provoca que se despierten emociones y haga al público sentir, y la finalidad de todo arte es exactamente ésa, provocar sentimientos en el espectador. Y eso convierte esta obra en puro arte. Una de las mayores claves para que una película emocione es la música, más en este caso al ser musical, y esta peli es sublime en ese aspecto, es imposible no salir de la sala tarareando las canciones. Lo mejor que puedo decir de La La Land es que me ha enamorado y me ha roto el corazón, para después volverme a enamorar y volver a romperme el corazón, todo en cuestión de pocos minutos y repetidas veces.

Me siento afortunado porque conozco a personas que han quedado marcadas por musicales como Grease.