El Señor Duodécima

Faltaba poco más de una hora para que empezara el partido en Cardiff cuando yo me dirigía a encontrar mi asiento en el Millennium Stadium, siempre es bueno saber dónde te va a dar el próximo ataque al corazón. Enfile la fila veintiuno como si fuera la milla verde, estaba seguro de que de ahí no volvería con vida, agaché la cabeza hasta llegar a mi asiento, que según creo recordar era el dieciocho, pero con todo lo que pasó en las horas siguientes uno ya no puede estar seguro de nada, porque también estaba seguro yo de ser la persona más acojonada en todo Gales, pero ni ese hueco me había guardado la historia. Al llegar a mi asiento lo primero que hice es no levantar la cabeza, a ver si por mirar mucho le iban a dar un gol de ventaja a la Juve, así que mi vista se fijó en él, un hombre de unos cuarenta o cincuenta años, con barba, con la cabeza agachada y las manos en la cara. Un hombre hecho y derecho que estaba absolutamente cagado, un hombre al que quise como si fuera de mi familia, un hombre como cualquier otro hombre al fin y al cabo, pero a mi lado. Era él, era el señor que marcaría mi viaje a Cardiff, era el Señor Duodécima.

Mi primera reacción al llegar a mi sitio fue intentar cambiárselo a mi madre, porque en mi entrada ponía claramente que me correspondía el asiento diecisiete, no el dieciocho. A ver si después de haberme puesto los calzoncillos de la suerte, la camiseta de la suerte, la bufanda de la suerte, las deportivas de la suerte y haber cumplido con todos los rituales correspondientes a una final la íbamos a perder por no sentarme en mi sitio, no me podía arriesgar, obviamente. Por el contrario mi madre sí decidió retar a Don Fútbol y me dijo seriamente que ella se quedaba en el asiento diecisiete porque estaba más cerca de la salida y le venía mejor para salir a fumar, y a una madre siempre hay que obedecerla. Así que se fue a fumar y ahí me quedé yo, a falta de una hora para el arranque de la final, sentado al lado de un señor que no levantaba la cabeza ni separaba las manos de su cara, por lo que tomé una decisión trascendental, agaché la cabeza y me tapé la cara con las manos, era importante sufrir en compañía aunque fuera callados.

No hay nada más eterno que los minutos previos a una final de Copa de Europa. El Señor Duodécima y yo nos estábamos haciendo compañeros en silencio, cruzábamos miradas de vez en cuando pero nunca palabras. Saltó el Madrid a calentar y nos pusimos a gritar como posesos nuestros cánticos, la otra opción era llorar pero creí que era demasiado pronto para eso. Entre cántico y cántico conseguimos llegar vivos al concierto previo a la final, de reojo veía como el Señor Duodécima se movía mucho, así que pensé que le gustaría Black Eyed Peas y se había puesto a bailar, luego giré la cabeza y me di cuenta de que no bailaba, sino que temblaba. Al ver aquel panorama no tuve más remedio que ponerme a temblar con él, juntar las manos y rezar a cualquier dios educado, porque lo único que salía de mi boca era: ” por favor, por favor, por favor”. A mí ya me empezaba a parecer muy cruel que ese hombre se pudiera ir de Gales sin ver ganar a su equipo, recurrir a la ayuda divina era lo mínimo que podía hacer. Un “por favor” puede abrir muchas puertas me dijo alguien alguna vez.

Sonó el himno de la Champions e Ian Rush salío a presentar el trofeo sobre el césped, Cristiano inmediatamente se dio la vuelta, el Señor Duodécima y yo también lo teníamos claro, mirar la Copa antes del partido trae mala suerte, así que nos miramos mutuamente, pero eso resultó muy incómodo, rápidamente puse mi atención en otra parte de la grada. El comienzo del partido desató los siete infiernos, Keylor tuvo que descender del cielo para evitar el apocalipsis que traían los pies Pjanic. Mi compañero y yo al ver aquella mano santa volvimos a cruzar miradas, miradas de pánico, y resoplamos de alivio. Ya no había vuelta atrás, no es que la final fuera una cuestión de vida o muerte, sino algo mucho más importante. Aquellos primeros minutos de terror nos hicieron dar la espalda más de una vez al campo y apoyar la cabeza en el respaldo del asiento como si todo fuera una pesadilla. Mis piernas temblaban y mi madre intentaba calmar la situación, pero el problema es que las piernas del Señor Duodécima también temblaban y nadie le calmaba a él. Por suerte apareció Cristiano para calmarnos a todos, sobre todo a los juventinos. Ese fue el momento en el que abracé al Señor Duodécima por primera vez, porque el fútbol también es abrazarse con todo el mundo y las finales tratan especialmente de eso.

Todo era tan bonito que de repente se hizo el silencio, la imagen se congeló en una chilena de Mandzukic y el balón entró a cámara lenta en la portería del Madrid. Fue un momento terrorífico, espantoso, en cuestión de segundos la Champions se alejó cientos de kilómetros, marcarle otro gol a Buffon parecía una proeza imposible. El ánimo había caído, en la grada nos habíamos quedado helados, menos mal que llegó el descanso para salvarnos. A esas alturas de la final ya era inevitable, el Señor Duodécima y yo teníamos que hablar. Mi madre se fue a fumar y nos dejó a solas, el ambiente era el propicio, sacamos el entrenador que lleva todo español dentro y tuvimos una charla táctica. No podíamos cambiar el partido, pero teníamos que desahogarnos de alguna forma.

La segunda parte es Historia, literalmente. El Real Madrid salió e hizo un Real Madrid, ganar a toda costa. El gol de Casemiro volvió a desatar la pasión y el madridismo se volvió a fundir en un abrazo. Buffon ya no parecía tan imbatible. Luego apareció Cristiano otra vez y nos hizo entrar en trance, todos nos agarrábamos fuertemente mientras brotaban lágrimas de felicidad y nos estrujábamos con los de delante, con los de atrás, con los de la izquierda y con los de la derecha, más o menos como cuando hay que dar la paz en misa pero a lo bestia, no podía quedar ningún madridista sin un mínimo de cuatro o cinco abrazos por gol. Todo parecía encarrilado, pero el Señor Duodécima y yo no lo veíamos tan claro, quedaban más de veinte minutos y cada minuto que pasaba hacía más largo el siguiente. Mi colega ya no soportaba la tensión y se sentaba cada cierto tiempo para recuperar la posición con la que le conocí y luego volver a ponerse de pie y gritar. Yo en cambio ya no era capaz de estarme quieto, daba continuos mini-pasos y me giraba hacia la grada de vez en cuando mientras algún aficionado intentaba calmarme diciendo que ya estaba todo hecho, “este no conoce el contragafe” pensaba yo.

La victoria era tan evidente que Kroos abandonó el campo agitando los puños en alto en señal de victoria, lo cual nos excitó fuertemente a los madridistas. A partir de ese momento me permití empezar a celebrar la victoria tímidamente, pero no fue hasta que marcó Asensio cuando el éxtasis se apoderó de mí, el Real Madrid iba a volver a ser, irremediablemente, campeón de Europa. Abracé fuertemente a mi madre, pero enseguida note que me faltaba algo y sabía exactamente lo que era. Mire al Señor Duodécima, que estaba saltando sin parar, y le hice un gesto con la mano para que se uniera a nuestro abrazo. Ahí estábamos los tres, fundidos en un abrazo digno de convertirse en un precioso cuadro. Pitó el árbitro el final y los madridistas nos empezamos a congratular efusívamente entre nosotros como si hubiéramos ganado una guerra, porque era exactamente lo que habíamos hecho.

Los jugadores del Madrid no habían subido al podio cuando me dispuse a pedirle una foto a mi compañero, pero antes de que pudiera pronunciar palabra el Señor Duodécima me dijo que se tenía que ir, que su bus salía en cuarenta minutos, así que intercambiamos un par de palmadas en la espalda y vi como lentamente subía las escaleras. Cuando los jugadores del Madrid subieron al podio volví a mirar a las escaleras, la idea de que el Señor Duodécima se fuera sin ver como levantábamos la copa me parecía terrible, pero ahí estaba él, al final de las escaleras, expectante. Cuando por fin Sergio Ramos levantó el trofeo me volví a girar para ver si lo había visto, pero el hombre ya no estaba. Y así es como se fue el Señor Duodécima, el hombre que no podía ni mirar hacia el campo, el hombre con el que conquisté Europa.

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El jodido Real Madrid

En el mundo moderno está cada vez más de moda mirar a los aficionados apasionados de los clubes de fútbol como si fueran enfermos mentales. Estamos mal vistos los hinchas que seguimos religiosamente cada partido de nuestro club. Ir al fútbol está considerado un acto retrógrado y anticultural por aquellos mismos que ven poesía en cuatro palabras mal escritas sin métrica alguna y que ni siquiera riman, aquellos que perciben arte hasta en una persona cagando. Sin embargo no son capaces de percibir el choque de civilizaciones que se produce cada vez que dos equipos de gran rivalidad se enfrentan, como dos formas diferentes de entender el fútbol, y por ende la vida, entran en conflicto dando lugar a una batalla maravillosa de once contra once mientras son observados por miles de personas con sed de victoria. Cada equipo de fútbol representa a una parte de la sociedad (y a cuatro o cinco subnormales), representa unas ideas, y nuestro club nos da la posibilidad de soñar con que nuestras ideas triunfen.

El madridismo no sólo es perseguido por los críticos del fútbol, sino también por los aficionados del resto de equipos. Se creen por ahí que lo que representamos es soberbia, prepotencia y victimismo. Se autoengañan, nos adjudican el discurso de otros como si fuera propio. El Real Madrid lo que representa a nivel mundial son las ganas inagotables de querer ser siempre el mejor, es la fe en la victoria hasta el final, por muy adversas que sean las circunstancias.

Es cierto que el Real Madrid no nos da de comer a la gran mayoría de madridistas, como nos suele decir esa gente a la que le importa un carajo el fútbol, pero hace algo mucho más importante, nos alimenta moralmente. Nos proporciona ilusión, esperanza y la ocasión de saborear la dulce victoria tras un día de mierda. El Real Madrid tiene la maravillosa fuerza de conseguir mantenerte en pie aunque tu vida sea un desastre, porque siempre te quedará esa parte de tu vida en la que pase lo que pase seguirás siendo un jodido ganador, porque eres del jodido Real Madrid. No conozco mejor sensación que la de remontar un partido en el tiempo de descuento, no sólo por el éxtasis desenfrenado que produce en la afición, sino porque un gol de la victoria en el último segundo hace parecer por unos instantes que todo es posible. De repente todo está al alcance, de repente puedes lograr cualquier cosa, de repente todo parece un poco mejor aunque sólo sea por un momento, unas horas, o unos días. El gol no sólo cambia el signo del partido, también cambia el signo de la vida.

No es sólo fútbol, no sólo son veintidós hombres corriendo detrás de un balón y por supuesto el Real Madrid no es simplemente un equipo de fútbol. El fútbol nos proporciona sueños y el Real Madrid nos da la posibilidad de cumplirlos. El mundo es un lugar menos cruel y un poquito más justo después de una victoria del Real Madrid, o al menos así será siempre para mí. Queridos modernos, si no son capaces de entender esto no lo intenten más, porque jamás podrán.

 

El día que Sergio Llull me salvó

El día que Sergio Llull me salvó

Una vez una canasta de Sergio Llull me salvó la vida. La gente cree que bromeo cuando se lo cuento, se ríen, pero yo lo digo totalmente en serio. Era tal la tristeza que acarreaba y tal la oscuridad que me rodeaba que no veía ningún futuro, básicamente era todo insoportable. Yo no sé dónde habría acabado si ese balón no llega a entrar por el aro.

Un domingo de principios de febrero el Real Madrid estaba a punto de perder la final de la Copa del Rey en Málaga, y cuando todo falla y ya ni siquiera te puedes agarrar al Real Madrid es que ya no queda nada. A veces en la vida nada tiene sentido, a veces todo duele, cualquier situación se hace insufrible, cualquier cosa, una mosca volando, que te llamen por tu nombre o que no te llame nadie, ser el centro de atención o ser completamente ignorado, que te abracen o que no te abracen, da lo mismo, todas las situaciones eran igual de dolorosas, todo era sufrimiento. Y de repente, a falta de un segundo para terminar el partido, canasta de Llull, de repente victoria, por fin algo de luz, de repente todo era posible, porque eso es básicamente el Real Madrid, una fe ciega en que todo es posible hasta el último segundo. A veces en la vida también suceden cosas que nos hacen creer que somos capaces de todo, que podemos conseguir cualquier cosa que nos propongamos, necesitamos sentirlas cada cierto tiempo, aunque en la mayoría de ocasiones sea mentira.

Encestó Llull, ganó el Madrid la Copa de su Majestad y yo lo celebré aporreando las paredes de mi salón mientras gritaba cosas, seguramente despectivas, sobre un club blaugrana. Luego caí rendido en el sofá y lloré, sin pronunciar palabra, sin llanto, en silencio, simplemente dejando caer las lágrimas por mi rostro. Me sentía salvado.

The Champions

The Champions

La competición de fútbol más preciada del mundo, todos los niños sueñan con levantar la orejona, menos los del Atleti, que sueñan con perder trágicamente la final y sacar pecho de su ADN de sufridores y dramáticos perdedores. Hablo efectivamente de la Champions, título que te corona como campeón de los campeones, como rey de Europa. La UCL se disputa de febrero a mayo, teniendo su particular pretemporada de septiembre a diciembre, donde ya suena ese himno en los partidos que te hace imaginar la gloria de volver a ganarla, donde ya se pueden ver a las mejores estrellas del fútbol mundial, donde te encuentras equipos rivales con nombres impronunciables que tienen el nivel del club de tu barrio, donde el Barça empieza a marcar goles en fuera de juego y sus rivales a jugar con diez, para que luego a nadie le extrañen los favores arbitrales en el Camp Nou, o un Ovrebo en Stamford Bridge. Pero una vez acabado ese trámite de la fase de grupos y eliminados los equipos de relleno empieza la Champions.

Febrero, los dieciséis mejores clubes de Europa, eliminatorias a doble partido a machete hasta que sólo queden dos en mayo y hagan la guerra en alguna ciudad prestigiosa del continente. Eso es la verdadera Champions League, donde el Real Madrid asusta sólo con el nombre, da igual si el club está autodestruyéndose desde dentro, la amenaza de que conquisten el continente por undécima vez es aterradora. El Barcelona en abril empieza a sacar los pasamontañas y las pistolas para atracar a mano armada a toda Europa, mientras la prensa sólo habla de un juego brillante con los pies de los blaugranas, como si el resto de equipos de la historia hubieran jugado con las rodillas, también hablan de un genio llamado Messi, de un fantasma de Albacete y de Hannibal Lecter rehabilitado, que ha pasado de morder rivales a solamente abofetearlos. Entra en escena Ibrahimovic desde París, que se niega a renunciar a retirarse sin haber reinado en Europa, pero 34 años pesan mucho en esta carrera al trono. Por estas fechas también resurge la figura de Pep Guardiola, amenazando con secuestrar todos los balones del mundo a base de pases y que no se vuelva a ver un tiro a puerta. Luego también está Casillas… ah no. Por ahí se encuentra Pellegrini, buscando la fórmula de caer eliminado, de momento no da con la tecla y tiene pesadillas viéndose jugando la final.  Siempre presentes los equipos alemanes dando guerra, como dijo Lineker: “el fútbol es un deporte de once contra once en el que siempre ganan los alemanes”. Esta frase ha variado mucho desde que la dijo, el fútbol es un deporte de once contra once excepto si juega el Barça, entonces son once contra diez. Lo de que siempre ganan los alemanes lo cambió el Real Madrid, viajó a Alemania tres veces en 2014 para eliminar a los clubes alemanes de uno en uno.

La competición de fútbol más prestigiosa del mundo se ve otra vez amenazada. Los ladrones de ese país de ahí arriba a la derecha intentan robarla de nuevo con el apoyo de la UEFA. París está hecho para la moda y el glamour, para que fluya el amor y no la guerra del fútbol. Unos hipócritas que residen en el Manzanares intentan conquistarla con el discurso de un hombre al que desearon la muerte, insultaron y se burlaron hasta que se marchó del país. Guardiola intenta dormir a todo el mundo con la posesión para poder agarrar el trofeo sin esfuerzo. Manchester sería una solución perfecta, la salvación de la competición, pero Pellegrini se niega a triunfar, no ha fracasado durante toda su vida para estropearlo ahora. Recordando a Juanan: “Sólo nos queda el Real Madrid como último bastión del mundo libre”.

Entrevista a @atooca

“Mourinhista, mourinhiano, mourinhiense, mourinhiólogo, mourinhodependiente, mourinhoadicto, y sí, también soy muy de Mou” así se describe en su biografía de twitter @atooca, aficionado madridista con más de treinta mil seguidores en la red social. Me siento a entrevistarle  otra vez, como ya hicimos en el pasado. Óscar, sin pelos en la lengua, habla del Real Madrid, de Mourinho, de twitter, de Zidane y mucho más, se atreve con todo y le da igual pisar charcos y mancharse de barro.

 

“Yo también soy Viuda o Moulieber como nos llama alguno”.

 

 –  Como ha cambiado todo desde la primera vez que hicimos esto, ¿no crees?

– Demasiado, amigo, me recuerda a aquella canción que cantaban unos de mi tierra: “Ya no queda casi nadie de los de antes, y los que hay, han cambiado…”

– Yo soy un melancólico del Mourinhismo (o viuda de Mou como lo llaman algunos) y pienso bastante en esos años que pasamos en twitter todos a una contra el resto del mundo. ¿Echas de menos esos días? ¿En qué momento crees que esa unidad que había en el madridismo tuitero se rompió?

–  Yo también soy Viuda o Moulieber como nos llama alguno. Esos años del mourinhismo fueron la hostia, no teníamos ni idea de twitter ya que todos estábamos empezando, pero le echamos huevos y juntos podíamos con todo/s. Jamás volverá a estar el madridismo tan unido, tanto en twitter como en el mundo real.

Todo se rompió aquella noche de Diciembre en Málaga, cuando Mou sentó a Casillas. Muchos de los que apoyaban a Mou a muerte y su idea de meritocracia se bajaron del barco. Para ellos era más importante su ídolo de barro que todos los principios que habían defendido durante un par de años.

 

“La mayoría de la gente se mueve por intereses personales y son capaces de cambiar su opinión cada media hora con tal de complacer a su “chupipandi tuitera””.

 

– ¿Qué es lo que más ha cambiado en twitter estos años?

– Ha cambiado todo. Si antes te decía que aquellos años del mourinhismo estábamos verdes ahora es todo lo contrario. Ya está todo inventado. La mayoría de la gente se mueve por intereses personales y son capaces de cambiar su opinión cada media hora con tal de complacer a su “chupipandi tuitera”

– Ya no se te ve tuitear con la frecuencia de antes…

– Ya no me divierte como antes. Ves los mismo tuits 100 veces entre plagios, intentos de plagio y “decks” (grupos de cuentas tuiteras que pactan retuits entre ellas para ganar seguidores), además de las constantes disputas entre propios madridistas. Todos esto hace que muchos ya no usemos twitter con la alegría que lo hacíamos hace un par de años.

– Tienes más de treinta mil seguidores, ¿qué le das a la gente? ¿Cómo lo haces?

– No sé, puede que sea mi sinceridad, el hecho de no haberme vendido jamás a nadie, o quizás como dicen otros sea mi ingenio, de lo que sí estoy orgulloso es de no tener que haber chupado la polla a nadie, ni pactar retuits, ni nada parecido para conseguir esos seguidores.

– Hay bastantes buenos tuiteros que cerraron sus cuentas o simplemente dejaron de utilizarlas. ¿Echas de menos a alguno en especial?

– Echo más de menos la época a la que nos referíamos del mourinhismo unido, que a algún twittero en particular.

– ¿Te siguen quedando pulseras de “Soy madridista y de Mou”? Jajajaja Yo he de confesar que sigo teniendo la mía y no la uso por miedo a que se rompa.

– Solo me queda una. La penúltima se la regalé a un buen amigo que sale en la tele de vez en cuando (Hasta ahí puedo leer…). Es un bonito recuerdo saber que hay repartidas 800 pulseras de esas por todo el mundo.

– El Madrid no anda demasiado bien últimamente y hay bastantes madridistas decepcionados con los jugadores o desilusionados con el club. ¿Ha cambiado este equipo tu forma de ver los partidos? ¿Sigues manteniendo la misma ilusión de siempre?

– Los últimos años yo creo que todos hemos perdido un poco de ilusión, aún así el madridismo lo llevamos en el corazón y aunque estemos mal siempre soñamos con poder hacer algo grande, es la magia de este club. Este año sin ir más lejos estamos de pena, pero todos tenemos el gusanillo de poder hacer algo grande en Europa y pensamos en eso años que nos arrastramos en liga y luego triunfamos en Europa.

 

“Hay una plantilla muy buena, deslumbrante, pero totalmente descompensada, no hay un proyecto serio”.

 

– ¿Por qué crees que este Real Madrid nunca termina de arrancar?

– Deportivamente se han hecho muy mal las cosas. Hay una plantilla muy buena, deslumbrante, pero totalmente descompensada, no hay un proyecto serio, es todo poner parches cada año con fichajes que en Julio vuelven locos a chavales y Fanboys, pero en noviembre se demuestra la cruda realidad y volvemos a darnos cuenta que hemos vuelto a perder otro puto año.

– Algunos jugadores están endiosados por los aficionados o por la  prensa y esto provoca que se les pase por alto muchos errores o se les perdone todo. ¿Hay algún remedio a esto? ¿Por qué el madridismo es tan propenso a valorar a los jugadores por sus logros pasados?

– El famoso “con lo que nos ha dado” jajaja. Debemos darnos cuenta que el fútbol es presente. No vale lo que has sido o dejaste de ser, solo cuenta lo que eres a día de hoy. Muchos todavía no asumen eso. Prefieren la idolatría a su estrella a pensar en la necesidad del equipo al que se supone que aman.

 

Cualquier jugador que reconoce no haber defendido la camiseta del Madrid con actitud un solo día, no debería volver a ponérsela”.

 

-¿Qué opinas de esos jugadores que un día te dicen que van a luchar hasta el final y al día siguiente te dicen que les faltó actitud?

– Cualquier jugador que reconoce no haber defendido la camiseta del Madrid con actitud un solo día, no debería volver a ponérsela.

– ¿Necesita el Madrid una limpia de vestuario? ¿Es Zidane quien debe llevarla a cabo?

– Desde hace años hay manzanas podridas en ese vestuario y si queremos volver a un ciclo ganador hay que sacarlas de ahí, sea Zidane o quien sea, pero que lo hagan pronto.

– A pesar de su gran registro goleador esta temporada es obvio que Cristiano ya no es el que era y ha sido foco de muchas críticas tanto por rendimiento como por actitud. ¿Qué te está pareciendo su temporada? ¿Qué piensas de su actitud?

– Cristiano es pichichi en liga, en Champions y en los entrenamientos, es difícil criticar a alguien así. Sí que es verdad que este año no ha marcado en ningún partido importante de liga, pero en esos partidos el equipo en general ha estado horrible. Quiero seguir confiando en él, pero creo que el protagonismo del equipo cada vez tiene que ir mas hacia Bale, que si supera su problema con las lesiones tiene que ser nuestro próximo buque insignia.

– El Madrid es un equipo que engulle entrenadores, ¿se hizo bien en no continuar con Ancelotti?

– Yo como ya sabes, soy más de entrenadores que jugadores, y suelo apoyarles casi hasta el último día. Con Carlo me pasó algo muy curioso, le defendí a muerte los primeros 6 meses cuando todo el mundo le mataba, y luego le critiqué (poco pero lo hice), durante su segundo año, cuando te mataban por criticar al entrenador de la décima. Yo siempre contracorriente.

Carlo es un buen gestor de vestuarios y un buen tío, pero como entrenador deja mucho que desear en el plano táctico, además de aportar pocas soluciones. Hay que agradecerle que levantara la Champions que ganó Mourinho JAJAJA (Es broma).

– ¿Crees que la destitución de Benítez fue un acierto?

– Lo que fue un error fue su contratación. Nadie en el Madrid le quería. Aun así se fue injusto con él, apenas se le dejó trabajar y ahora el tiempo está dando la razón a los que no le veíamos como el culpable de los males del equipo.

– ¿Qué opinas de Zidane como entrenador?

– Sinceramente no puedo opinar, no he seguido mucho al Castilla y no tengo una opinión del Zidane entrenador. Solo espero que dé  con la tecla y lo tengamos de entrenador aquí al menos 10 años. Estoy harto de defender entrenadores distintos.

 

“Que conste que criticar a Florentino no es querer que vuelvan a presidir al Madrid personajes como Calderón y compañía”

 

– ¿Qué te parece la gestión estos últimos años de Florentino Pérez como presidente del Real Madrid?

– Con Florentino me pasa como a muchos, sabemos que es importantísimo en el apartado económico pero no en lo deportivo ni en lo social. Que conste que criticar a Florentino no es querer que vuelvan a presidir al Madrid personajes como Calderón y compañía, que la gente es muy lista o se creen que somos imbéciles y cuando criticas a Florentino rápido te vienen con ese cuento.

En lo deportivo creo que se ha equivocado dando tanto poder a los jugadores y danto tantos varetazos buscando un estilo que aun no ha encontrado.

En lo social se ha equivocado haciendo del Bernabéu una dictadura donde apenas uno puede exponer sus opiniones. El mayor ejemplo es la grada que ha creado cual ejercito para imponer sus opiniones en el Bernabéu y en twitter. Curiosamente muchos de los integrantes de esa grada eran las voces más críticas contra el presidente en esta red social. Ahora ya no. Claro.

– Últimamente hay muchas comparaciones entre la sección del Real Madrid de fútbol y la de baloncesto, poniendo como ejemplo a seguir a esta segunda por sus recientes éxitos. ¿Crees que es una comparación acertada? ¿Se podría llevar el modelo del basket a la sección de fútbol? 

– Como he dicho muchas veces en twitter, tengo la misma idea de Baloncesto que Messi de física cuántica. No puedo valorar algo que desconozco tanto, pero sí que es verdad que me da envidia cuando veo a esos jugadores dejarse los huevos por esta camiseta y con ese espíritu ganador

-¿Qué crees que le hace falta a la afición para volver a sentir comunión con este equipo?

– No sé, quizás otro entrenador como José Mourinho que vuelva a unirnos a todos y nos haga volver a sentir la pasión por nuestro equipo. O quizás simplemente sea ganar títulos, muchos títulos que es lo que todos queremos.

– ¿Es posible la undécima?

– Por supuesto, ya te decía antes, año malo en liga…OJO!!

– Gracias por atenderme Óscar, como siempre ha sido un placer, amigo.

– Gracias a ti por contar conmigo, ya sé que no soy Camacho ni Arbeloa, pero bueno, espero que haya gustado mi entrevista. Un abrazo.

Un camarero magnífico

Volvía a casa por la tarde, después de una mañana larga en Madrid, cuando decidí parar en mi bar para tomarme una cerveza y evadirme un poco del mundo. Llevaba sin pisar mi bar cuatro días y lo echaba de menos, diez minutos para tomar algo siempre se encuentran. Eran las siete menos cuarto cuando entré y me puse en la barra, la barra es el lugar más apropiado cuando vas solo al bar, las mesas son para los que van en compañía. Había un grupito de personas en las mesas y un hombre en la barra. El camarero al sentarme en el taburete me enseñó un tercio de mahou y me preguntó: “Paul, ¿un terciote?” a lo que yo respondí asintiendo y con un “claro”. Esto me hizo sentir genial, entrar en el bar y que sepan lo que quiero me parece maravilloso, además era el mismo camarero que semanas antes nos había llamado a mis colegas y a mí “mis esponjas” y la verdad es que esas cosas me hacen realmente feliz. Empecé a hablar con el camarero como cualquier otro día, me preguntó que cómo es que hoy iba solo y le dije que los demás estaban liados y yo ya echaba de menos pasarme por ahí. La conversación estaba siendo muy agradable, hablamos de mi vida y luego de la suya, me lo estaba pasando tan bien que sin querer me pedí otra cerveza. En la tele estaban echando un partido del filial del Barça, cuando le metieron gol a los catalanes le dije: “eso siempre es bueno”, a lo que me respondió: “no sabes tú cuanto”, la vida era fantástica en esos momentos.

El bar se empezó a vaciar y quedábamos sólo dos mujeres sentadas en una mesa, el camarero y yo, cuando éste decidió invitarme a otro tercio. Era todo demasiado bonito así que tenía que torcerse. El hombre me confesó a mitad de mi tercio que era su último día trabajando en el bar y a mí se me partió el corazón. Ese hombre que me había invitado a chupitos, a cervezas y a copas tantas noches, ese camarero que se sabía mi nombre, esa magnífica persona que me llamó su esponja, dejaba el bar. Me contó sus motivos y la verdad es que eran bastante razonables, pero yo no podía más que entristecerme por ello, estaba perdiendo a un magnífico camarero. Como en el bar no había más que dos personas además de nosotros decidió que era el momento de invitarme a un cigarro y salir a fumar, yo en esos momentos pensaba de verdad, y sigo pensando, que estaba ante el mejor camarero de mi vida. En la calle fumando descubrimos que los dos éramos socios del Madrid, los dos teníamos el abono en el fondo sur y los dos habíamos perdido la ilusión con nuestro Real Madrid y no íbamos ya tan a menudo al Bernabéu. Al volver a entrar al bar me contó que estuvo presente en la octava y la novena Copa de Europa del Madrid, que le encantaba ir al fútbol de joven con sus colegas, emborracharse y hacer el gamba en el estadio, y que en la final de París tuvo un pequeño lío con la policía antes del partido, pero como hablaban en francés y no les entendía no se preocupó mucho y al final no pasó nada. Yo le conté que estuve en Lisboa en La Décima y que también entré un poco tajado al estadio. Claro, que con tanta conversación me tuve que pedir otro tercio para que no se me secara la boca.

Empezó a entrar gente en el bar y la conversación ya no era tan fluida, pero yo no estaba dispuesto a irme así, era la última vez que ese camarero me serviría y sentí que mí deber era pedirme la quinta cerveza de la tarde para redondear la despedida. Intercambiamos un par de palabras más, eran las ocho y veinte, yo ya iba un poco chispa y quedaban veinticinco minutos para que empezara el Madrid, era el momento de la despedida. Pagué mis cervezas, le estreché la mano al camarero, le dije que le echaría de menos y salí del bar con una gran sensación de tristeza. Para mí supone un gran pérdida, era bastante alivio entrar en el bar y que te hicieran sentir mejor que en casa, aunque el alcohol también ayuda a esto. Realmente le deseo lo mejor al camarero, espero que sea tan feliz como yo lo he sido en ese bar cuando él me ha atendido.

Ganó el Superhombre

Ganó el Superhombre

Se enfrentaban en Stamford Bridge el Superhombre contra la involución humana por un puesto en los octavos de final de la Champions. El falso ídolo decadente del pasado contra la evolución, la voluntad de poder y la razón. Las casualidades de la vida nos habían regalado un Chelsea – Oporto en la última jornada de la Champions con los dos equipos luchando por pasar de ronda. Mourinho contra Casillas mano a mano, sin el Real Madrid de por medio, sin la prensa española condicionando la batalla, sólo ellos y sus equipos peleando por estar en el TOP dieciséis del fútbol europeo, lo que viene a ser una lucha de vida o muerte, y al final, como no podía ser de otra forma, venció el Superhombre.

La vida a veces es justa y la forma de justicia más bonita es la poética. Mourinho echa de la Champions, es decir, la élite del fútbol, al hombre que le echó del Real Madrid, o lo que es lo mismo, la cima del fútbol. Ese entrenador que ha ganado títulos por media Europa (no por toda porque sólo ha trabajado en media) mandaba a Casillas de vuelta a su casa en Oporto a las primeras de cambio, donde Mou empezó a escribir su leyenda ganando esa mediocre competición a la que manda al portero este año, y ganando al año siguiente la máxima competición continental. Esa será siempre la principal diferencia entre los dos: uno llevó al Oporto de jugar UEFA a jugar la Champions ganando ambas y el otro lo llevó de jugar Champions a jugar Europa League y no parece que tenga aspiraciones de ganar nada. Pero como ha dicho el Míster “ahora Casillas tiene la oportunidad de ganar la competición que le falta”. Si al final el desalmado mercenario portugués no va a ser tan malo y va dando nuevas oportunidades.

Hace ya casi tres años desde aquel fatídico “presi o Mou o nosotros” que pronunciaron aquellos héroes caídos que vivían de rentas del pasado, aquellos hombres adorados por la masa madridista a la que arrebataban más de lo que la daban. Esos individuos que negaron al Bernabéu la evolución, el avance, la razón y lo sublime a cambio de la involución y la falta de ambición para la excelencia, estancados por siempre en la mediocridad. Esos caciques que negaron la supervivencia con el apoyo mediático a ese movimiento lúcido, polémico y perspicaz como fue, por lo menos en sus comienzos, el Mourinhismo. Hoy, casi tres años después y con el Mourinhismo casi extinto (como movimiento), esos inútiles han sido derrotados por lo menos por una noche. Hoy, casi tres años después, el fútbol volvió a ser una cuestión de vida o muerte, casi literalmente. Ganó la evolución, ganó el Superhombre.