La La Land: arte en la pantalla

La La Land: arte en la pantalla

El único problema que tiene La La Land como película es que la crítica popular dice que es muy buena, y efectivamente, lo es. Damien Chazelle no nos cuenta nada nuevo en su película, pero sí lo hace con un soplo de aire fresco, de una manera armoniosa, divertida y llena de color que, coincidiendo otra vez con la crítica popular, invita a salir bailando del cine. Lo sé, suena al típico musical cursi de siempre, pero ese es el mayor triunfo de La La Land, que hablando de amor y del sueño americano no sea una película empalagosa más, sino que sea probablemente la película del año. Además es de agradecer, por parte de los que no somos aficionados al género musical, que la película sea tan dinámica.

Emma Stone comiéndose la pantalla una vez más, no sorprende, ya lo hizo en Criadas y Señoras, también peleó por el Oscar de la mano de Iñárritu hace un par de ediciones y, con suerte, este año lo gana, todo depende de Natalie Portman. Lo que está claro es que La La Land es un maravilloso viaje en el que Emma nos lleva cogidos de la mano plenamente a su merced. Lo que sí sorprende es que Ryan Gosling, una vez más en el papel de tío buenorro, se dejara su caracartón en casa y lo hiciera para hacer una actuación inmensa en la que, en mi opinión, conecta muy bien con el espectador y le hace reír y sobre todo sentir.

Lo que busco cuando voy al cine es no arrepentirme por haber pagado y esta película realmente vale el precio de la entrada. Es una obra en la que el espectador empatiza rápido con los personajes, lo que provoca que se despierten emociones y haga al público sentir, y la finalidad de todo arte es exactamente ésa, provocar sentimientos en el espectador. Y eso convierte esta obra en puro arte. Una de las mayores claves para que una película emocione es la música, más en este caso al ser musical, y esta peli es sublime en ese aspecto, es imposible no salir de la sala tarareando las canciones. Lo mejor que puedo decir de La La Land es que me ha enamorado y me ha roto el corazón, para después volverme a enamorar y volver a romperme el corazón, todo en cuestión de pocos minutos y repetidas veces.

Me siento afortunado porque conozco a personas que han quedado marcadas por musicales como Grease.

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12 soporíferos años de esclavitud

12 años de aburrimiento, así debería llamarse la película, porque cuando se acaba parece que ha durado doce años, y gracias a Dios que solo fueron doce, porque si llegan a ser veinticinco no hay persona en el mundo que sobreviviese a este larguísimometraje.

La película trata de un afroamericano libre en Estados Unidos en el siglo XIX que es engañado por dos esclavistas y vendido. El pobre negro va pasando de amo en amo intentando dar pena para convencerlos de que es libre, pero en esa época los negros no importaban una mierda a nadie, así que el tío intenta ser un buen esclavo, hasta que aparece Brad Pitt, que en la película se ha convertido en canadiense y hatea a EEUU y ayuda al negro a contactar con un blanco antiesclavista que le devuelve a su familia.

De comentar son las escenas alargardas innecesariamente en las que los últimos diez minutos lo único que se puede apreciar es el canto de los grillos, mientras en las imágenes no ocurre absolutamente nada. O los diálogos tan profundos que tiene el protagonista, con música intensa de fondo, en los que no sabes si va a llorar o cagar.

Lo más destacado de la película es la inexpresiva actuación Chiwetel Ejiofor, que se pasa media película triste con la misma cara que yo tengo cuando me levanto por la mañana. Lo único que podemos salvar de este coñazo de película es la interpretación de Michael Fassbender, el antagonista, su personaje es dueño de un campo de algodón al que le encanta azotar y maltratar negros. Por lo demás la película es tan entretenida como un partido del Barça de Guardiola con el ochenta por ciento de posesión.

Indignante es que esta especie de casi película dramática ganara tres Oscars mientras Scorsese y DiCaprio se fueron a casa con las manos vacías.

Por último me gustaría pedir al señor Steve McQueen, el director, que se cambiara el nombre. No puedes llamarte como una leyenda del cine haciendo películas tan insoportables.

The Prestige, obra maestra absoluta de Christopher Nolan.

The Prestige (El truco final en España) es la adaptación cinematográfica, dirigida por Cristopher Nolan, de la novela homónima escrita por Cristhopher Priest.

Jackman Bale

La película se puede resumir en sus primeros dos minutos, en los que John Cutter, ingeniero de ilusiones, (interpretado por un soberbio Michael Caine) nos explica las partes de la que consta un truco de magia: la presentación, la actuación y el prestigio. Y eso es básicamente la película, un gran truco de magia de Nolan, en el que puedes elegir entre ser engañado, o descubrir el truco a partir de las pistas que nos va dejando Cristopher desde el principio.

“Todo efecto mágico consta de tres partes o actos. La primera parte, es la presentación: el mago muestra algo ordinario, una baraja de cartas, un pájaro o una persona. El mago lo exhibe, os puede invitar a que lo examinéis, para que veáis que no hay nada raro. Todo es normal. Pero claro, probablemente no sea así. El segundo acto es la actuación: el mago, con eso que era ordinario, consigue hacer algo extraordinario. Entonces intentaréis descubrir el truco, pero no lo conseguiréis, por que en el fondo, no queréis saber cuál es. Lo que queréis es que os engañen. Pero todavía no aplaudiréis. Que hagan desaparecer algo no es suficiente, tienen que hacerlo reaparecer. Por eso, todo efecto mágico consta de un tercer acto, la parte más complicada de este acto, es el prestigio.”

El argumento trata de dos magos rivales, Robert Angier (interpretado por Hugh Jackman) y Alfred Borden (bordado por Christian Bale), que se odian tanto como el Madrid y el Barça. Angier odia irracionalmente a Borden por diferentes motivos que se explican a lo largo de la trama. Además tiene un complejo de inferioridad porque Borden es infinitamente mejor mago que él, por lo que decide espiarle para robar sus trucos, así ganarse su odio. La película muestra la envidia y la codicia humana en  estado puro, a partir de la constante obsesión que tienen estos ilusionistas por ser superiores el uno al otro.

La película cuenta con un gran reparto. A las sublimes actuaciones de Christian Bale, Hugh Jackman y Michael Caine, se suma la de Scarlett Johansson, que interpreta el personaje de Olivia, ayudante de mago. Además siempre alegra la vista verla en pantalla.

Michael Caine, Scarlett Johansson y Hugh Jackman en The Prestige

Michael Caine, Scarlett Johansson y Hugh Jackman en The Prestige

La película es una genialidad principalmente por la estructura que emplea Nolan, empezando por el final y acabando por el principio, dando constantes saltos en el tiempo entre medias (estructura que emplea también en Memento). Aún así  la historia es fácil de seguir si se está atento, además engancha rápidamente.

Christopher Nolan con apenas 43 años está consolidado como uno de los mejores directores del momento, con obras como: Memento, Origen o la triología de El Caballero Oscuro. Con suerte logrará acabar con el guardiolismo de Tim Burton y marcar una nueva tendencia en Hollywood.