El Señor Duodécima

Faltaba poco más de una hora para que empezara el partido en Cardiff cuando yo me dirigía a encontrar mi asiento en el Millennium Stadium, siempre es bueno saber dónde te va a dar el próximo ataque al corazón. Enfile la fila veintiuno como si fuera la milla verde, estaba seguro de que de ahí no volvería con vida, agaché la cabeza hasta llegar a mi asiento, que según creo recordar era el dieciocho, pero con todo lo que pasó en las horas siguientes uno ya no puede estar seguro de nada, porque también estaba seguro yo de ser la persona más acojonada en todo Gales, pero ni ese hueco me había guardado la historia. Al llegar a mi asiento lo primero que hice es no levantar la cabeza, a ver si por mirar mucho le iban a dar un gol de ventaja a la Juve, así que mi vista se fijó en él, un hombre de unos cuarenta o cincuenta años, con barba, con la cabeza agachada y las manos en la cara. Un hombre hecho y derecho que estaba absolutamente cagado, un hombre al que quise como si fuera de mi familia, un hombre como cualquier otro hombre al fin y al cabo, pero a mi lado. Era él, era el señor que marcaría mi viaje a Cardiff, era el Señor Duodécima.

Mi primera reacción al llegar a mi sitio fue intentar cambiárselo a mi madre, porque en mi entrada ponía claramente que me correspondía el asiento diecisiete, no el dieciocho. A ver si después de haberme puesto los calzoncillos de la suerte, la camiseta de la suerte, la bufanda de la suerte, las deportivas de la suerte y haber cumplido con todos los rituales correspondientes a una final la íbamos a perder por no sentarme en mi sitio, no me podía arriesgar, obviamente. Por el contrario mi madre sí decidió retar a Don Fútbol y me dijo seriamente que ella se quedaba en el asiento diecisiete porque estaba más cerca de la salida y le venía mejor para salir a fumar, y a una madre siempre hay que obedecerla. Así que se fue a fumar y ahí me quedé yo, a falta de una hora para el arranque de la final, sentado al lado de un señor que no levantaba la cabeza ni separaba las manos de su cara, por lo que tomé una decisión trascendental, agaché la cabeza y me tapé la cara con las manos, era importante sufrir en compañía aunque fuera callados.

No hay nada más eterno que los minutos previos a una final de Copa de Europa. El Señor Duodécima y yo nos estábamos haciendo compañeros en silencio, cruzábamos miradas de vez en cuando pero nunca palabras. Saltó el Madrid a calentar y nos pusimos a gritar como posesos nuestros cánticos, la otra opción era llorar pero creí que era demasiado pronto para eso. Entre cántico y cántico conseguimos llegar vivos al concierto previo a la final, de reojo veía como el Señor Duodécima se movía mucho, así que pensé que le gustaría Black Eyed Peas y se había puesto a bailar, luego giré la cabeza y me di cuenta de que no bailaba, sino que temblaba. Al ver aquel panorama no tuve más remedio que ponerme a temblar con él, juntar las manos y rezar a cualquier dios educado, porque lo único que salía de mi boca era: ” por favor, por favor, por favor”. A mí ya me empezaba a parecer muy cruel que ese hombre se pudiera ir de Gales sin ver ganar a su equipo, recurrir a la ayuda divina era lo mínimo que podía hacer. Un “por favor” puede abrir muchas puertas me dijo alguien alguna vez.

Sonó el himno de la Champions e Ian Rush salío a presentar el trofeo sobre el césped, Cristiano inmediatamente se dio la vuelta, el Señor Duodécima y yo también lo teníamos claro, mirar la Copa antes del partido trae mala suerte, así que nos miramos mutuamente, pero eso resultó muy incómodo, rápidamente puse mi atención en otra parte de la grada. El comienzo del partido desató los siete infiernos, Keylor tuvo que descender del cielo para evitar el apocalipsis que traían los pies Pjanic. Mi compañero y yo al ver aquella mano santa volvimos a cruzar miradas, miradas de pánico, y resoplamos de alivio. Ya no había vuelta atrás, no es que la final fuera una cuestión de vida o muerte, sino algo mucho más importante. Aquellos primeros minutos de terror nos hicieron dar la espalda más de una vez al campo y apoyar la cabeza en el respaldo del asiento como si todo fuera una pesadilla. Mis piernas temblaban y mi madre intentaba calmar la situación, pero el problema es que las piernas del Señor Duodécima también temblaban y nadie le calmaba a él. Por suerte apareció Cristiano para calmarnos a todos, sobre todo a los juventinos. Ese fue el momento en el que abracé al Señor Duodécima por primera vez, porque el fútbol también es abrazarse con todo el mundo y las finales tratan especialmente de eso.

Todo era tan bonito que de repente se hizo el silencio, la imagen se congeló en una chilena de Mandzukic y el balón entró a cámara lenta en la portería del Madrid. Fue un momento terrorífico, espantoso, en cuestión de segundos la Champions se alejó cientos de kilómetros, marcarle otro gol a Buffon parecía una proeza imposible. El ánimo había caído, en la grada nos habíamos quedado helados, menos mal que llegó el descanso para salvarnos. A esas alturas de la final ya era inevitable, el Señor Duodécima y yo teníamos que hablar. Mi madre se fue a fumar y nos dejó a solas, el ambiente era el propicio, sacamos el entrenador que lleva todo español dentro y tuvimos una charla táctica. No podíamos cambiar el partido, pero teníamos que desahogarnos de alguna forma.

La segunda parte es Historia, literalmente. El Real Madrid salió e hizo un Real Madrid, ganar a toda costa. El gol de Casemiro volvió a desatar la pasión y el madridismo se volvió a fundir en un abrazo. Buffon ya no parecía tan imbatible. Luego apareció Cristiano otra vez y nos hizo entrar en trance, todos nos agarrábamos fuertemente mientras brotaban lágrimas de felicidad y nos estrujábamos con los de delante, con los de atrás, con los de la izquierda y con los de la derecha, más o menos como cuando hay que dar la paz en misa pero a lo bestia, no podía quedar ningún madridista sin un mínimo de cuatro o cinco abrazos por gol. Todo parecía encarrilado, pero el Señor Duodécima y yo no lo veíamos tan claro, quedaban más de veinte minutos y cada minuto que pasaba hacía más largo el siguiente. Mi colega ya no soportaba la tensión y se sentaba cada cierto tiempo para recuperar la posición con la que le conocí y luego volver a ponerse de pie y gritar. Yo en cambio ya no era capaz de estarme quieto, daba continuos mini-pasos y me giraba hacia la grada de vez en cuando mientras algún aficionado intentaba calmarme diciendo que ya estaba todo hecho, “este no conoce el contragafe” pensaba yo.

La victoria era tan evidente que Kroos abandonó el campo agitando los puños en alto en señal de victoria, lo cual nos excitó fuertemente a los madridistas. A partir de ese momento me permití empezar a celebrar la victoria tímidamente, pero no fue hasta que marcó Asensio cuando el éxtasis se apoderó de mí, el Real Madrid iba a volver a ser, irremediablemente, campeón de Europa. Abracé fuertemente a mi madre, pero enseguida note que me faltaba algo y sabía exactamente lo que era. Mire al Señor Duodécima, que estaba saltando sin parar, y le hice un gesto con la mano para que se uniera a nuestro abrazo. Ahí estábamos los tres, fundidos en un abrazo digno de convertirse en un precioso cuadro. Pitó el árbitro el final y los madridistas nos empezamos a congratular efusívamente entre nosotros como si hubiéramos ganado una guerra, porque era exactamente lo que habíamos hecho.

Los jugadores del Madrid no habían subido al podio cuando me dispuse a pedirle una foto a mi compañero, pero antes de que pudiera pronunciar palabra el Señor Duodécima me dijo que se tenía que ir, que su bus salía en cuarenta minutos, así que intercambiamos un par de palmadas en la espalda y vi como lentamente subía las escaleras. Cuando los jugadores del Madrid subieron al podio volví a mirar a las escaleras, la idea de que el Señor Duodécima se fuera sin ver como levantábamos la copa me parecía terrible, pero ahí estaba él, al final de las escaleras, expectante. Cuando por fin Sergio Ramos levantó el trofeo me volví a girar para ver si lo había visto, pero el hombre ya no estaba. Y así es como se fue el Señor Duodécima, el hombre que no podía ni mirar hacia el campo, el hombre con el que conquisté Europa.

Estoy enamorado de Arbeloa: II parte

Gélida noche ayer en Chamartín. El público del Bernabéu totalmente helado intentaba calentarse de vez en cuando animando, sin coordinación alguna. Y es que a los Ultras Sur se les puede discutir muchas cosas, pero su ausencia es más que notable en el estadio estos días, son imprescindibles en la animación. Más vale que se encuentre una solución pronto o el público morirá congelado entre cáscaras de pipas.

En la primera parte sólo Ramos, con la enésima actuación patética de la temporada, y Bale hicieron olvidarse del frío a la afición. También estaban los casos aislados, de los típicos energúmenos, que se aburrían y decidieron entretenerse llamando “cono” a Arbeloa. Esos fueron los mismos que acabaron coreando su nombre en la segunda parte. Gente extraña, sin duda.

El frío abandonó el Bernabéu en el segundo tiempo, pues la afición blanca estaba expuesta a los rayos de una estrella que llevaban mucho tiempo ignorando, la estrella Arbeloa. El Espartano estaba desatado ayer, “Arbeloa unchained” decían por twitter,  desbordaba y driblaba rivales como si del mismísimo Cristiano se tratase. ¿Pero Ronaldo no estaba lesionado? — se preguntaban unos. — ¿Ese no es Maradona?  se preguntaban los otros. Por no hablar de como recuperaba los balones atrás para luego subir como un rayo al ataque. — ¿Quién es ese? — preguntaban los niños a sus padres y estos a su vez respondían — Superman hijo, Superman. 

He de reconocer que yo celebré el gol de Arbeloa con esa pasión desenfrenada que había perdido desde que Mourinho dejó de estar con nosotros. Porque Arbeloa es amor, amor por un escudo, una camiseta y unos colores, partiéndose la cara día sí y día también por ellos, ya era hora de que se le reconociera de esta forma. 

Arbeloa celebrando el gol.

Arbeloa celebrando el gol.

Un gol, una asistencia y un penalti provocado que no quiso pitar el árbitro, por no hablar de las tropecientas recuperaciones de balón en defensa. Ayer en el Bernabéu las dos personas más felices por el gol de Arbeloa éramos Xabi Alonso y yo, y no precisamente en ese orden.

Arbeloa encarado con un gnomo.

Arbeloa encarado con un gnomo.

Arbeloa contesta a Pique en twitter.

Gracias Álvaro por defender nuestro club de los ataques de la prensa, gracias por apoyar a tus compañeros cuando pasan por una mala racha así consiguiéndoles más apoyos, gracias por dar la cara en los peores momentos, gracias por tu fidelidad y lealtad a nuestros colores, gracias por tu profesionalidad, gracias por defendernos de los ataques del enemigo. Y qué coño, gracias también por haber estado con Mourinho, y por lo tanto, con muchos de nosotros hasta el final. Pero sobre todo, gracias por jugar en el Real Madrid, capitán.

Este Madrid está muy naranja.

En las tres últimas temporadas ningún medio deportivo sabía la alineación del Real Madrid seis horas antes del partido, es más, muy rara vez acertaban con sus predicciones sobre el once de los blancos. Está temporada, ya van varias veces, que el once del Madrid es público muchas horas antes del encuentro, ayer sin ir más lejos, supongo que la Juve estará agradecida. Esto provoca indignación y desconfianza del aficionado en su equipo. La alineación debería ser sagrada.  Parece que esta situación no preocupa dentro del club, a lo mejor es que lo de fuera estábamos malacostumbrados.

El Madrid se llevó un punto de Turín disfrazado de la naranja mecánica, que hasta tenía su imitación de Cruyff en Luka Modric (hablo de un parecido estético). En el equipo de Carletto las cosas siguen igual que allá por agosto. La delantera salva los muebles partido tras partido, mientras el centro del campo sigue en construcción y la defensa es inexistente, ¡ayer hasta Varane fallaba! La situación hace mucho que es más que crítica.

Luka Modric luchando con Arturo Vidal por el balón.

Luka Modric luchando con Arturo Vidal por el balón.

Pero no todo es malo en el Real Madrid, mientras estén Bale, Benzema y Cristiano arriba hay esperanza. Soberbio partido ayer de los tres, Bale y Cristiano ponían la velocidad y el desborde y Karim ponía la clase. Marcaron el galés, que menos mal para las defensas rivales que tiene una hernia, y CR7 a pase de Benzema. También tuvo una buena noche Iker Casillas, aunque dice el Loco Gatti que tendría que haber salido en el centro del segundo gol, y a un ex-portero del nivel de Gatti no se le pueden discutir esas cosas. Pero aparte de sus habituales errores, hizo dos paradas extraordinarias. Siempre es positivo que el portero suplente del Madrid esté en buena forma.

El Madrid acabó el partido dando pases sin sentido en el centro del campo, conforme con el empate. Actitud normal de cualquier equipo en un estadio difícil como el Juventus Stadium, pero ese conformismo no es normal en un equipo como el Real Madrid. Aún así un punto más que hace que los blancos ya esperen rival en Octavos.

El Bernabéu no está a la altura de la Champions.

Lo que debía ser un gran clásico de Champions ayer en el coliseo blanco, fue una noche digna de un Real Madrid-Getafe. La afición del Bernabéu rugió durante los primeros 5 minutos que fue lo que tardó Di María en volver a sacar a el ángel con el que ha empezado la temporada,  dándole un balón perfecto a Cristiano para que éste tumbara a Buffon con la facilidad que se tumba uno en el sofá al llegar a casa después de trabajar. A partir de ahí como siempre en la grada, entre pipas, pitos y aplausos.

Cristiano regatea a Buffon.

Cristiano regatea a Buffon.

Empataría la Juve con gol de Llorente y medio estadio dudaba con levantarse a celebrarlo, mientras el otro medio se dedicaba a culpar del gol a Arbeloa, pues Mourinho no estaba por ahí y a nadie se le ocurrió pensar que Casillas podía salir de debajo del larguero de vez en cuando, o no rechazar el balón hacia el centro del área. El Bernabéu se pensaba el empezar a pitar, entonces Chiellini decidió solucionarle el partido a los blancos agarrando a Ramos dentro del área, y CR7 desde los once metros no perdona.

En la segunda parte volvería a ser Chiellini el protagonista intentando parar a Cristiano en una carrera soltándole el brazo, lo que provocaría su expulsión, que fue un tanto rigurosa. A partir de ahí el partido se murió y el Bernabéu se aburrió y la tomó con Benzema, pues el jugador francés no ayuda mucho con sus actuaciones a los que intentamos defenderle y finalmente sería sustituido entre pitos y algunos aplausos. Minutos antes Llorente se había retirado del terreno de juego llevándose la ovación de la noche, cosa que da mucho que pensar, pues Llorente es ese hombre que celebró la derrota del Real Madrid de Baloncesto contra el Barça, en la final de la ACB junto a Xavi. Más tarde llegaría la ovación a Pirlo, en reconocimiento un mega-crack del fútbol mundial en la que fue probablemente la última visita de su carrera al templo madridista. Muchos compararían su ovación con la de Llorente, cuando su único parecido fueron los aplausos.

El partido llegaría al fin con el Bernabéu pidiendo a su equipo que atacara, pues este Real Madrid sigue sin jugar a nada y la segunda mitad de ayer fue horrible, y aplaudiendo cada acción de Morata, que se ha convertido en el ojito derecho de la afición blanca. Pleno de victorias para el Real Madrid en Champions, que parece estar ya esperando en Octavos, pero queda demasiado por mejorar para llegar a Lisboa.

Noche de pipas y Champions.

Primera noche de Champions de la temporada ayer en Chamartín, que aunque fuera ante un rival menor, siempre es especial volver a oír el himno de la competición de los campeones en tu estadio, así empezando a desear que este año podamos escucharlo hasta el 24 de mayo, en Lisboa.

Partido sencillo para el Real Madrid y bastante aburrido para el resto. Los blancos empezaron dubitativos, al igual que el público del Bernabéu, que no sabía si comer pipas o pitar y al final acabó alternando, unos minutos pipas y los otros pitos.

El Madrid sigue sin saber a lo que juega, intentando practicar un fútbol de toque con jugadores que no saben tocarla. No se sabe si los goles llegaron por destellos mourinhistas que el equipo no ha podido eliminar, o porque el trabajo de Carletto está dando sus frutos. Lo que esta claro después de este mes y poco de competición es que este equipo todavía no sabe a lo que juega.

El partido se ganó cómodamente, el Copenhague en ningún momento fue rival para los de Ancelotti. El primer gol llegaría por la banda izquierda, gracias a un gran centro de Marcelo, que quiere ser el de antes de las hamburguesas, y un gran remate de Cristiano, con la colaboración del portero danés haciendo una salida ikeriana. La obra de arte de la noche se construiría gracias a un magistral taconazo de Benzema hacia Di María, para que éste sorprendiera centrando de rabona poniéndole en la cabeza el balón a CR7 que sólo tuvo que empujarlo para marcar el segundo. El Fideo marcaría los otros dos goles restantes del partido, primero batía al portero con un zurdazo desde la frontal, uno de esos goles que le salen de cada cien intentos. El último gol fue una recompensa al esfuerzo de presionar arriba cuando el partido ya iba 3-0. Gran partido del argentino, que sigue intentando convencernos de que nos quedamos con el jugador acertado, mientras Özil la lleva arrastrando desde que llegó a Londres.

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El Bernabéu ayer no estaba contento con el equipo y tenía que pagarlo con alguien, así que cuando Khedira fue sustituido medio estadio decidió demostrarle su descontento por no haber nacido español. Pero más grave es el caso de Benzema, al que se lleva lapidando desde que empezó la temporada y además se le culpa del desastroso partido contra el Atleti, ni aunque el francés marcara un par de goles por encuentro dejaría de salir pitado de su estadio. Por no hablar del tema Casillas, que consiguió silenciar el coro de chasquidos de pipas que hubo durante los noventa minutos, con un par de buenas paradas en el descuento, que dieron paso al  “Iker, Iker” del Bernabéu, ya habitual hasta cuando desvía los balones con la mirada.

Lo mejor del partido fue la vuelta de Varane a la zaga, dando la seguridad en defensa que faltaba desde su lesión, y por supuesto, la victoria. El Real Madrid es líder de su grupo con un colchón de cuatro puntos sobre el segundo. Estamos un pasito más cerca de Lisboa.

Infierno sí pero, ¿para quién?

El Real Madrid debutaba ayer en Champions League en un ambiente hostil como son siempre los campos de Turquía. Justo antes del comienzo del partido se desplegó un gran tifo (que me recordó bastante a uno hecho por los Ultras Sur en un Real Madrid-Atleti) en uno de los fondos del Ali Sami Yen , mientras los aficionados turcos alentaban a los suyos antes de empezar la batalla. Parecía que íbamos a revivir ese ambiente infernal que hubo en nuestra última visita a Turquía hace unos meses, pero la afición turca, al igual su equipo, se vino abajo con el paso de los minutos.

Al empezar el partido y encenderse el “infierno”, en un balón aéreo sin apenas peligro, Ramos no escuchó el grito de “mía” de Iker y chocó contra el portero provocándole una lesión en las costillas, cosa que no le impidió hacer una buena parada a un disparo lejano de Felipe Melo. Aunque minutos más tarde Casillas tenía que ser sustituido por Diego López por el dolor provocado por el golpe. Nada más salir, Diego se tuvo que disfrazar de “Súper López”para evitar con dos paradones que los turcos se adelantaran en el marcador. Hay quien dice que Diego “se las encuentra” y no les falta razón, Diego encuentra el balón cada vez que se  tira a su busca.

El Galatasaray salió con un hambre voraz de victoria impulsado por su afición, comiéndose al Real Madrid sobre el campo. Los jugadores del equipo blanco, ayer de azul, no daban pie con bola, hasta que Di María decidió demostrarnos que nos habíamos quedado con el jugador adecuado, con un pase largo increíble hacia Isco, que bajó el balón con un extraordinario control con el pecho que le dejaba sólo ante el portero, para acto seguido enamorar a todo madridista con su definición y adelantar a su equipo.

En la segunda mitad con el equipo turco tocado psicológicamente tras la lesión de Drogba justo antes del descanso por un choque con Pepe, el Madrid decidió apagar el infierno. Benzema, que ayer volvía a ser un gato salvaje, decidió callarle la boca a todos esos haters que le quieren fuera del Madrid, haciendo el 0-2 tras un gran pase de Di María. A partir de ese momento fue un partido plácido para los merengues. Cristiano haría los dos siguientes goles, tras dos sendas jugadas enrevesadas dentro del área donde el balón le caería a los pies, teniendo solamente que empujarlo. El estadio turco se empezaba a vaciar, eso ya no era un infierno, salvo para los jugadores turcos que veían como les pasaban por encima.

Eran los minutos de showtime para el Madrid y CR7 lo sabía, luciéndose con una gran asistencia a Karim para hacer el 0-5. Ancelotti dio entrada a Bale para continuar con la fiesta madridista. El galés dejó un poco de su esencia con un par de sprints por la banda y un buen tiro lejano que paró el portero. El Galatasaray hizo el gol de la honra, tras un despiste en el marcaje de Pepe. El partido tocaba a su fin y Cristiano quería llevarse otro balón más a casa, así que hizo lo que sólo los elegidos pueden hacer, driblando a dos defensores  en menos de un palmo, fusilando con su zurda la portería de Muslera, haciendo así el 1-6 definitivo.

El Real Madrid empieza la conquista de Europa arrasando Constantinopla, que tiemble el resto, llegaremos a Lisboa.