El Temor de un Hombre Sabio.

La vi nada más llegar a Hojalateros. Después de tanto buscarla en vano los últimos meses, resultaba extraño encontrarla tan fácilmente. Denna se movía entre la multitud con lenta elegancia. No era la rigidez que pasa por distinción en escenarios selectos, sino una desenvoltura natural. Los gatos no piensan en estirarse, sino que se estiran. Pero los árboles ni siquiera hacen eso. Los árboles simplemente oscilan sin el esfuerzo de moverse. Denna se movía así.
La alcancé tan deprisa como pude sin llamar su atención.
– Disculpe, señorita.
Denna se volvió, y su rostro se iluminó al verme.
– ¿Sí?
– Normalmente nunca abordaría así a una mujer, pero no he podido evitar fijarme en que tiene usted los ojos de una dama de la que una vez estuve locamente enamorado.
– Es una pena amar solamente una vez- dijo ella, y su sonrisa traviesa dejó entrever sus blancos dientes -He oído decir que hay hombres que consiguen amar dos veces, incluso más.
Ignoré la burla.
-Yo solo he delirado una vez. Nunca volveré a enamorarme. Denna adoptó una expresión dulce y apoyó suavemente una mano en mi brazo.
– ¡Pobre hombre! Esa mujer debió de hacerle mucho daño.
– Cierto, me hirió de varias maneras.
– Pero eso tan solo era de esperar – dijo con naturalidad- ¿Cómo no iba a amar una mujer a un hombre tan apuesto como usted?
– No lo sé -dije con modestia-. Pero creo que no me amaba, porque me atrapó con una sonrisa adorable y luego desapareció sin decir palabra. Como el rocío bajo la débil luz del amanecer.
– Como un sueño al despertar -añadió Denna con una sonrisa.
– Como una doncella feérica deslizándose entre los árboles.
Denna se quedó callada un momento.
-Esa mujer debía de ser verdaderamente maravillosa para enamorarlo tanto -dijo entonces mirándome con seriedad.
– Era incomparable.
– ¡Bueno! – Adoptó un tono más jovial-. Todos sabemos que a oscuras todas las mujeres son igual de altas. -Soltó una risita y me hincó el codo en las costillas con complicidad.
– Eso no es cierto -dije con firme convicción.
-Está bien -dijo ella lentamente-. Supongo que tendré que creer lo que me dice. – Volvió a mirarme-. Quizá algún día logre convencerme.
Me sumergí en el castaño profundo de sus ojos.
– Esa ha sido siempre mi gran esperanza.
Denna sonrió, y me dio un vuelco el corazón.
– Mantenla.-Deslizó un brazo en la curva del mío y echó a andar a mi lado-. Porque sin esperanza ¿qué nos queda?

El amor.

—Hace un momento tenías la mirada extraviada —dijo—. ¿En qué pensabas?

Me encogí de hombros para ganar tiempo. No podía decirle la verdad. Sabía que todos los hombres debían de piropearla, de cubrirla de halagos más empalagosos que las rosas. Tomé un camino más sutil:

—Una vez, uno de los maestros de la Universidad me dijo que había siete palabras que hacían que una mujer te amara. —Sacudí los hombros fingiendo indiferencia—. Estaba preguntándome cuáles serían esas siete palabras.

—¿Por eso hablas y hablas sin parar? ¿Confías en dar con ellas por casualidad?

Abrí la boca para responder. Entonces, al ver sus chispeantes ojos, apreté los labios e intenté disimular mi rubor y mi bochorno. Denna me puso una mano en el brazo.

—No te calles por mí culpa, Kvothe —dijo con dulzura—. Echaría de menos el sonido de tu voz. Bebió un sorbo de vino.

—Además, no hace falta que pienses mucho. Las dijiste la primera vez que nos vimos. Dijiste: «Me preguntaba qué podrías estar haciendo aquí».—Hizo un gesto displicente—. Desde ese momento fui tuya.

Mi mente me llevó hasta nuestro primer encuentro en la caravana de Roent. Me quedé atónito.

—Creía que no te acordabas.

Denna, que estaba partiendo un trozo de pan, se quedó quieta y me miró con extrañeza.

—Que no me acordaba, ¿de qué?

—Que no te acordabas de mí. Que no te acordabas de nuestro encuentro en la caravana de Roent.

—Pero bueno —dijo—, ¿cómo iba a olvidar al chiquillo pelirrojo que me dejó para ir a la Universidad?

Me quedé demasiado atónito para aclarar que yo no la había dejado. En realidad, no.

—Nunca habías vuelto a mencionarlo.

—Tú tampoco —replicó ella—. Quizá pensara que te habías olvidado de mí.

—¿Olvidarme de ti? ¿Cómo iba a olvidarme de ti?

Al oír eso sonrió, pero agachó la cabeza y se miró las manos.

—Te sorprenderían las cosas que olvidan los hombres —dijo; luego, en un tono más ligero, añadió—: Bueno, quizá no. Estoy segura de que tú también has olvidado cosas, porque eres un hombre.

—Recuerdo tu nombre, Denna. —Me sentí bien al decírselo—. ¿Por qué te lo cambiaste? ¿O era Denna el nombre que utilizabas cuando ibas por el camino hacia Anilin?

—Denna —dijo ella en voz baja—. Casi la había olvidado. Era una niña muy tonta.

—Era como una flor que se abre.

Kvothe, yo también estoy enamorado de Denna.

Empecé a leerme la saga Crónica de un Asesino de Reyes de Patrick Rothfuss estas navidades. Me leí El Nombre del Viento (no confundir con La Sombra del Viento de Zafón) porque había escuchado muy buenas críticas sobre la saga, críticas que decían que era una de las mejores sagas fantásticas jamás publicadas, que revolucionaría el género. Claro, uno mira las sagas  El Señor de los Anillos o Canción de Hielo y Fuego y le parece una exageración como una catedral.  Una vez empezado el libro me di cuenta de que no era para tanto, otro libro más sobre un mundo fantástico, con magia, seres fantásticos y un héroe como protagonista. Pero poco a poco Kvothe te va cautivando, porque él no es el típico protagonista buenazo, él tiene un lado oscuro como todas las personas y se deja llevar por su ira, su impaciencia o su sed de venganza. No es el típico héroe humilde de cuenta infantil, pues Kvothe destaca por su prepotencia. Pocos personajes hay en libros más carismáticos que Kvothe. El libro al principio es bastante lento, vas poco a poco conociendo al protagonista y de repente ¡bum! aparece ella. En ese momento El Nombre del Viento deja de ser un libro más y se convierte en El Libro. Es el personaje perfecto, creo que estoy enamorado de ella, Denna.. sí es que hasta el nombre es bonito. Ella cambia todo, da un vuelco al libro, jamás un personaje me hizo sentir tantas cosas. Como bien dice Kvothe en el libro, todas las palabras que utilice para describirla serán insuficientes. Así que si te gusta la literatura fantástica, coge El Nombre del Viento y empieza a leer.

Kvothe.

Kvothe.

-Bueno, a ver si lo he entendido bien. ¿buscas a un caballero para que te lleve a pasear esta noche?

Denna compuso una sonrisa y me miro de soslayo.

-Sí, más o menos.

-Que mala suerte- dije con un suspiro-. Porque no soy ningún caballero.

-Pues a mí sí me lo pareces.

-Me gustaría parecerlo más.

-Pues llévame a pasear.

-Eso me complacería enormemente. Sin embargo…-Reduje un poco el paso y adopté una expresión seria-. ¿Qué pasa con Sovoy?

-¿Ha reivindicado sus derechos sobre mí?-dijo ella borrando la sonrisa de sus labios.

-No, no es eso. Pero existen ciertos protocolos con relación a…

-¿Un acuerdo de caballeros? -pregunto ella con mordacidad.

-Más bien honor entre ladrones.

Denna me miro a los ojos.

-Kvothe -dijo, muy seria-, róbame.

Menos piscina y más libros

“No existe criatura más fascinante que aquella que crea luz por sí misma”.

En estás tardes calurosas y aburridas de verano, en las que te sientas en el sofá y te quedas pegado, o sales por la puerta de casa y al segundo vuelves a entrar horrorizado por la temperatura que hay en el exterior,  ¿qué mejor para matar el tiempo en estas tardes que un buen libro? Les recomendaré: “El brillo de las luciérnagas” de Paul Pen.

“El brillo de las luciérnagas” es la segunda novela del guionista de cine Paul Pen. Una novela de terror y suspense que relata la vida de un niño de diez años, que ha vivido siempre en un sótano con su familia. Nació bajo tierra y no conoce como es el mundo del exterior, sólo conoce el sótano. Toda su familia tiene el cuerpo lleno de quemaduras y cicatrices, él es el único que no tiene ninguna, lo que hace se sienta diferente y algo excluido de la familia.

El libro al principio puede parecer algo repetitivo y lento, pero cada detalle de esas primeras 100 páginas es muy importante para el transcurso de la historia. Una vez se llega a la mitad del relato y hace entender el por qué de algunas cosas, provoca que sea casi imposible interrumpir la lectura hasta llegar al final del libro y obtener todas las respuestas a las preguntas que éste plantea desde la primera página.

Una de las cosas que más me llamó la atención de la obra es que el autor en ningún momento da los nombres de los personajes, siempre se refiere a ellos con el papel que desarrollan en la familia.

Es el libro perfecto para encerrarse en el cuarto, tumbarse en la cama, con ventilador o aire acondicionado contectado, y no salir de ahí hasta que se haya puesto el sol. Además, ¿quién no querría leer una novela escrita por alguien que se llama Paul?