Escribir

Últimamente todo lo que escribo o pienso que voy a escribir me parece una gran mierda. Cuando agarro el bolígrafo y me siento a plasmar mis ideas en el papel me derrumbo, pues todo lo que sale de mi cabeza a continuación son pensamientos de una tarde, ideas no trabajadas, simples ocurrencias que a la media hora de haberlas escrito he olvidado de lo poco trascendentes que son. Sin embargo sé que en mi cabeza permanecen las ideas buenas y perturbadoras, temas que me han quitado horas de sueño y de ocio, palabras que llevan demasiado tiempo deseando ser escuchadas, ideas que han sido reflexionadas durante tanto tiempo que ni puedo recordar cuando surgieron, y cuando por fin me siento a intentar darles una salida se esconden de mí, se ocultan en mi cabeza detrás de lo simple. Es en ese mismo instante cuando sólo puedo aborrecerme a mí mismo por simplón, entonces es cuando surgen las dudas y aparecen viejos fantasmas que me recuerdan lo incapaz que soy y mi largo historial de fracasos, lo cual duele el doble, porque si yo me veo como un simple, imaginaos como os ven mis ojos a vosotros, panda de modernos culturetas más bien seguidores de modas que de lo cultural. Y sin embargo ahí arriba estáis vosotros, viviendo y aprovechando las ventajas de un sistema que despreciáis. Y aquí abajo estoy yo, con mis reflexiones, completamente superado por el mundo. Y es en este mismo momento, cuando mis ideas me han derrotado desde las sombras, cuando más me odio y cuando más os odio, es en este mismo instante, cuando por fin sé lo que quiero escribir y encuentro todas las palabras que quieren salir, es entonces cuando no escribo nada, porque no tiene sentido escribir para quien no lo va a leer.

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La percepción del bien y del mal

Entendemos como bien desde el punto de vista filosófico como un fenómeno o acto que satisface necesidades, deseos o intereses de un individuo, de un grupo de personas o de la sociedad en general. Cuando llamamos a un objeto bien lo hacemos porque posee cualidades positivas para el hombre. Obviamente lo contrapuesto al bien es el mal, que son actos o fenómenos con sentido negativo para uno o varios individuos. ¿Cómo distinguimos lo que está bien de lo que está mal? Nuestra percepción del bien y del mal la adquirimos en los primeros años de nuestra vida, cuando nuestros padres y profesores nos educan y nos aplauden cuando compartimos los juguetes con otros niños y nos regañan sino lo hacemos. En esos primeros años es cuando aprendemos a distinguir el bien del mal con percepciones muy básicas, el bien es lo que me hace feliz, el mal es lo que me hace estar triste, el bien es cuando recibes una chuche por hacer algo, el mal es cuando te regañan por hacer lo otro. Después nuestro juicio lo complementan la sociedad y la cultura en la que vivimos, según pasan los años los conceptos de bien y mal se van haciendo más complejos, el bien pasa a ser un fenómeno o acto que está socialmente aceptado y que tiene cualidades positivas para uno o varios invidiuos con lo cual la sociedad intenta que ese fenómeno o acto sea repetido por el mayor número de personas posible, cuanta más gente haga “el bien” más positivo para la sociedad, por lo tanto se intenta establecer un modelo de conducta desde la sociedad en cada individuo para que sea socialmente positivo. El mal pasa a ser un fenómeno o acto que no está aceptado por la sociedad, que debe ser elimininado de cualquier conducta porque es negativo para el bien común o para el individuo, o es perjudicial para la sociedad o está fuera de los límites del modelo de conducta que dicta esta, y todo lo que esta fuera de los parámetros dictados es perseguido y linchado por la masa. La percepción del bien y del mal viene a estar marcada por los modelos sociales y la cultura en la que vivimos, por lo tanto no es algo que pueda ser objetivo, porque cada cultura y sociedad tiene sus propias percepciones de lo que es bueno y lo que es malo lo cual crea los conocidos “choques de cultura” como el de occidente con el mundo islámico. Siendo el bien y el mal percepciones creadas por el ser humano, ya que no existen en la naturaleza, (los animales se matan entre sí por simple supervivencia sin pensar si es correcto o no) hay varias posturas que dice la filosofía que podemos tomar: el objetivismo, el relativismo y el intersubjetivismo, basadas en los valores de las acciones y los objetos. Puesto que está claro que el objetivismo no existe en este tema y el relativismo provocaría el caos absoluto, ya que todo individuo haría lo que le pareciera bien según su criterio, sólo nos queda el intersubjetivismo, el cual defiende que los valores son relativos y dependen de cada cultura y sociedad, pero que hay unos valores fundamentales que deberían ser reconocidos a todos los individuos. Ya que no podemos fijar lo que es el bien y lo que es el mal al ser relativo, la única solución es fijar unos derechos básicos para cada ser humano, aunque eso sea utópico.

Miedo no, respeto

Siento una incómoda opresión en el pecho estos días que no sé que quiere que diga, o que más bien sí lo sé pero hago que no quiero saberlo y enrevesar un poco el asunto. Ni yo puedo decir lo que quiera cuando quiera por ese respeto que hay que tener a los demás y que yo tengo hacia mí mismo, y cuando digo respeto lo digo en ese tono que utilizan los deportistas para referirse a sus rivales con la clásica frase: “miedo no, le tengo respeto”, palabras que sólo confirman lo acojonado que se está. Me tengo tanto respeto que me da pesadillas, porque hablar francamente no significa no estar haciendo alguna gilipollez. Yo soy muy de hablar en serio, pero de hacer gilipolleces también, porque a veces es inevitable que al hablar tan directamente los cortitos de los receptores lo tomen por tontería, o no entiendan el mensaje, o no quieran entenderlo, en cualquier caso es culpa del emisor por escribirle una carta a quien no sabe leer o no quiere. He hecho muchas locuras con toda la intención del mundo y como resultado la mayoría acabaron en mi vergüenza, aunque no me arrepiento de ninguna. El límite entre la locura y la gilipollez está cuando la locura pasa de ser algo privado y contemplado por personas selectas a ser algo observado por la masa, deformando su significado y finalmente destruyéndolo. Ni hacer locuras puedo ya, como para no estar enfadado, con lo bien y mucho que me enfado yo. Soy capaz de enfadarme con el mundo durante semanas por nada, por todo en general o por alguna gilipollez mía en particular, y cuando llega el punto en el que no puedo odiar más entonces encolerizo y gruño espantando a todo el mundo, esperando a que alguien me calme. Este mundo merece ser odiado, por eso también sé querer bastante, aunque sólo se vea a ratos y entre líneas. Yo quiero cuando las circunstancias me lo permiten o cuando no me queda otra, lo que viene a ser poco tiempo pero sincera e intensamente, tan intensamente que a veces se confunde con odio y da mucho “respeto”. Después de tanta palabrería lo único claro es que no he dicho lo que quería.

Inconscientes

Es posible que el universo esté regido por unas leyes que nuestra mente racional humana no está preparada para entender, o al menos así lo creo yo. Si resulta que al final un día descubrimos que la vida no tiene sentido perderíamos toda nuestra curiosidad, nuestras ganas de explorar y descubrir lo nuevo, la razón humana colapsaría y nos sumiríamos en el caos, pero aún en el caos todo seguiría el orden básico de las leyes de la naturaleza, si nada tiene sentido será ordenadamente. Pero los humanos, bueno, los que utilizamos el cerebro, estamos empeñados en frustrarnos por nuestra incapacidad de razonar lo irracional, así que el entender que no entendemos nada nos llevaría al mismo punto en el que estamos ahora, cada individuo perseguiría el bienestar personal y los objetivos que le hagan sentirse bien consigo mismo, tuvieran sentido estos objetivos o no, por lo menos mantendrían el sentido de nuestras vidas, porque sin objetivos no se puede vivir, aunque no nos lleven a nada.

Me he permitido ser un fracasado en la vida, no queriendo, pero si fracasando continuamente, por eso no puedo permitirme ser inculto, ni gilipollas. El problema es que hay gente que sí se lo permite, y lo hace chulescamente presumiendo de su incultura. Creo que la civilización es maravillosa y que es importante mirar atrás para saber de donde venimos y conocer toda la riqueza, o al menos toda la que podamos, que nos han dejado nuestros antecesores ya sea en forma de arte, literatura, tradiciones o simples hechos que cambiaron la historia, o mejor dicho, hicieron que sea tal y como la conocemos. Por eso me irrita tanto esta sociedad que ni sabe de dónde viene ni sabe a dónde va. No hay sólo una falta de curiosidad general, es que aparte de que no querer informarse se esté poniendo de moda, también se está empezando a mirar a las personas curiosas con carácter descubridor como bichos raros, “mirad ese dice cosas cultas, decidle que no nos raye”. Hemos llegado a un punto en el que hay chavales que dicen orgullosos en la escuela que no han leído un libro en su vida y nadie les tira uno a la cabeza por ello. Lo más indignante es salir a la calle y escuchar como la mayoría habla de temas intrascendentes como la vida de tal, lo que cobra cual y a quien echaron la última semana en Gran Hermano. Pero no hablan de objetivos, no se hacen preguntas, no son conscientes de que las calles por las que andan no han estado siempre. Hoy en día parece que las ciudades ya estaban ahí cuando llegamos, en definitiva, estamos dejando de ser conscientes del mundo en el que vivimos, simplemente lo aceptamos. Aceptamos vivir con internet como aceptamos un árbol, como si fueran siquiera parecidos. Y mientras se habla de temas vanales, cada vez hay más rechazo a debatir de temas serios como la política. La gente quiere evitar la discusión, es más fácil decir que los políticos son unos mierdas y “paz y amor” para todos, así no hay conflicto con nadie ni preocupaciones por nuestra forma de vida. “Paz y amor” y “no a la guerra” nos repiten mucho últimamente esos mismos que quieren evitar discutir y lo respetan todo, porque todos tenemos que vivir en felicidad y armonía fantasiosa, cuando precisamente su libertad para decir “no a la guerra” se consiguió con sangre y guerras, pero claro, para saber eso hay que mirar el pasado, ese del que no somos conscientes.