La percepción del bien y del mal

Entendemos como bien desde el punto de vista filosófico como un fenómeno o acto que satisface necesidades, deseos o intereses de un individuo, de un grupo de personas o de la sociedad en general. Cuando llamamos a un objeto bien lo hacemos porque posee cualidades positivas para el hombre. Obviamente lo contrapuesto al bien es el mal, que son actos o fenómenos con sentido negativo para uno o varios individuos. ¿Cómo distinguimos lo que está bien de lo que está mal? Nuestra percepción del bien y del mal la adquirimos en los primeros años de nuestra vida, cuando nuestros padres y profesores nos educan y nos aplauden cuando compartimos los juguetes con otros niños y nos regañan sino lo hacemos. En esos primeros años es cuando aprendemos a distinguir el bien del mal con percepciones muy básicas, el bien es lo que me hace feliz, el mal es lo que me hace estar triste, el bien es cuando recibes una chuche por hacer algo, el mal es cuando te regañan por hacer lo otro. Después nuestro juicio lo complementan la sociedad y la cultura en la que vivimos, según pasan los años los conceptos de bien y mal se van haciendo más complejos, el bien pasa a ser un fenómeno o acto que está socialmente aceptado y que tiene cualidades positivas para uno o varios invidiuos con lo cual la sociedad intenta que ese fenómeno o acto sea repetido por el mayor número de personas posible, cuanta más gente haga “el bien” más positivo para la sociedad, por lo tanto se intenta establecer un modelo de conducta desde la sociedad en cada individuo para que sea socialmente positivo. El mal pasa a ser un fenómeno o acto que no está aceptado por la sociedad, que debe ser elimininado de cualquier conducta porque es negativo para el bien común o para el individuo, o es perjudicial para la sociedad o está fuera de los límites del modelo de conducta que dicta esta, y todo lo que esta fuera de los parámetros dictados es perseguido y linchado por la masa. La percepción del bien y del mal viene a estar marcada por los modelos sociales y la cultura en la que vivimos, por lo tanto no es algo que pueda ser objetivo, porque cada cultura y sociedad tiene sus propias percepciones de lo que es bueno y lo que es malo lo cual crea los conocidos “choques de cultura” como el de occidente con el mundo islámico. Siendo el bien y el mal percepciones creadas por el ser humano, ya que no existen en la naturaleza, (los animales se matan entre sí por simple supervivencia sin pensar si es correcto o no) hay varias posturas que dice la filosofía que podemos tomar: el objetivismo, el relativismo y el intersubjetivismo, basadas en los valores de las acciones y los objetos. Puesto que está claro que el objetivismo no existe en este tema y el relativismo provocaría el caos absoluto, ya que todo individuo haría lo que le pareciera bien según su criterio, sólo nos queda el intersubjetivismo, el cual defiende que los valores son relativos y dependen de cada cultura y sociedad, pero que hay unos valores fundamentales que deberían ser reconocidos a todos los individuos. Ya que no podemos fijar lo que es el bien y lo que es el mal al ser relativo, la única solución es fijar unos derechos básicos para cada ser humano, aunque eso sea utópico.

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Inconscientes

Es posible que el universo esté regido por unas leyes que nuestra mente racional humana no está preparada para entender, o al menos así lo creo yo. Si resulta que al final un día descubrimos que la vida no tiene sentido perderíamos toda nuestra curiosidad, nuestras ganas de explorar y descubrir lo nuevo, la razón humana colapsaría y nos sumiríamos en el caos, pero aún en el caos todo seguiría el orden básico de las leyes de la naturaleza, si nada tiene sentido será ordenadamente. Pero los humanos, bueno, los que utilizamos el cerebro, estamos empeñados en frustrarnos por nuestra incapacidad de razonar lo irracional, así que el entender que no entendemos nada nos llevaría al mismo punto en el que estamos ahora, cada individuo perseguiría el bienestar personal y los objetivos que le hagan sentirse bien consigo mismo, tuvieran sentido estos objetivos o no, por lo menos mantendrían el sentido de nuestras vidas, porque sin objetivos no se puede vivir, aunque no nos lleven a nada.

Me he permitido ser un fracasado en la vida, no queriendo, pero si fracasando continuamente, por eso no puedo permitirme ser inculto, ni gilipollas. El problema es que hay gente que sí se lo permite, y lo hace chulescamente presumiendo de su incultura. Creo que la civilización es maravillosa y que es importante mirar atrás para saber de donde venimos y conocer toda la riqueza, o al menos toda la que podamos, que nos han dejado nuestros antecesores ya sea en forma de arte, literatura, tradiciones o simples hechos que cambiaron la historia, o mejor dicho, hicieron que sea tal y como la conocemos. Por eso me irrita tanto esta sociedad que ni sabe de dónde viene ni sabe a dónde va. No hay sólo una falta de curiosidad general, es que aparte de que no querer informarse se esté poniendo de moda, también se está empezando a mirar a las personas curiosas con carácter descubridor como bichos raros, “mirad ese dice cosas cultas, decidle que no nos raye”. Hemos llegado a un punto en el que hay chavales que dicen orgullosos en la escuela que no han leído un libro en su vida y nadie les tira uno a la cabeza por ello. Lo más indignante es salir a la calle y escuchar como la mayoría habla de temas intrascendentes como la vida de tal, lo que cobra cual y a quien echaron la última semana en Gran Hermano. Pero no hablan de objetivos, no se hacen preguntas, no son conscientes de que las calles por las que andan no han estado siempre. Hoy en día parece que las ciudades ya estaban ahí cuando llegamos, en definitiva, estamos dejando de ser conscientes del mundo en el que vivimos, simplemente lo aceptamos. Aceptamos vivir con internet como aceptamos un árbol, como si fueran siquiera parecidos. Y mientras se habla de temas vanales, cada vez hay más rechazo a debatir de temas serios como la política. La gente quiere evitar la discusión, es más fácil decir que los políticos son unos mierdas y “paz y amor” para todos, así no hay conflicto con nadie ni preocupaciones por nuestra forma de vida. “Paz y amor” y “no a la guerra” nos repiten mucho últimamente esos mismos que quieren evitar discutir y lo respetan todo, porque todos tenemos que vivir en felicidad y armonía fantasiosa, cuando precisamente su libertad para decir “no a la guerra” se consiguió con sangre y guerras, pero claro, para saber eso hay que mirar el pasado, ese del que no somos conscientes.

 

Soy occidental

Soy occidental

La barbarie vuelve a azotar a occidente, el Estado Islámico vuelve a atacarnos sembrando el terror con sus matanzas a civiles, como ustedes y como yo, cuyo único pecado era estar en pleno centro de nuestras ciudades. Nosotros los occidentales ya no estamos preparados para ver semejantes atrocidades, la vida en el mundo civilizado no está preparada para asumir que al ir a tomar café a un bar se puede sentar un demente al lado dispuesto a inmolarse, no estamos preparados para ver a cientos de personas morir tiroteadas solo por haber ido de fiesta. Llevamos demasiado tiempo consintiendo a los bárbaros torturar y decapitar a su propia gente y a la nuestra en su territorio, les ignorábamos a cambio de que no nos incomodaran demasiado, cometiendo el error de pasar por alto su ferviente odio hacia nuestro mundo libre y que vendrían a destruirnos en algún momento. Nosotros somos más, somos libres y no les tenemos miedo, hay que mentalizarse de que estamos en guerra y hay que acabar con ellos.

Existe una corriente de pensamiento de la izquierda perroflauta que no aprueba el apoyo mayoritario a Francia tras los atentados ya que no hay tanto apoyo al resto de países árabes que sufren terrorismo. Como si en occidente no se condenara el terrorismo todos los días, como si no pudiera tener más impacto una masacre en un país libre que en los países donde estallan bombas todos los días de forma habitual, como si no pudiera importarle más a nadie la vida de un francés que la de un árabe, al igual que nos importa más la vida de un familiar que la de un vecino. Todas las vidas importan lo mismo nos dicen casualmente los proabortistas, mientras se indignan de que maten a un palestino por haber apuñalado a tres israelíes. No todas las vidas importan lo mismo, está claro que a cada cual le importan más unas que otras, pero no es muy popular decirlo. Al igual que es más popular decir que los problemas se solucionan con diplomacia y tirando flores, pero por mucho que esta gente se intente autoengañar pensando que a sujetos que queman a personas vivas, difundiendo luego las imágenes por todo el planeta, se les puede parar con diplomacia, no va a convertirse en una solución factible. Estamos hablando de seres irracionales que se inmolan para matar y rentransmiten decapitaciones de personas, no creo que tengan muchas ganas de hablar, o matas o te matan. También a Hitler se le intentó parar con diplomacia. La única solución que hay contra ISIS es la guerra, porque puestos a que mueran inocentes, mejor que mueran en su territorio.

Je suis París, igual que soy Roma, Lisboa, Nueva York, Londres y Madrid, al igual que fui anteriormente Charlie, porque soy occidental y amante de su civilización y diferentes estilos de vida, porque ante todo soy un hombre libre en un mundo libre que cree en la libertad de expresión. Hay una minoría árabe que está atacando nuestros derechos, a nuestra civilización, porque la suya se quedó estancada en siglos anteriores. No podemos permitir que estos retrógrados siembren el terror en nuestras ciudades, es hora de que la Unión Europea, Estados Unidos y Rusia acaben con esta situación, es hora de coger las armas, ir allí y matarlos por el bien de la libertad.

Nada más enterarme de los atentados de París se me vinieron a la cabeza estas estrofas de La Marsellesa:

Aux armes citoyens!
Formez vos bataillons!
Marchons, marchons,
Qu’un sang impur abreuve nos sillons

Oleada de gilipolleces

“Nunca hay que perder la esperanza de que salga un mamerto nuevo cada día” le escuchaba decir a Herrera a través del transistor esta mañana, refiriéndose a las comuniones civiles que ha creado Ahora Podemos en Rincón de la Victoria, un pueblo de Málaga, para que los niños no católicos no tengan nada que envidiar a sus compañeros en sus tradiciones religiosas y puedan celebrar, tal y como dicen estos iluminados de la izquierda, “su paso de la infancia a la pre-adolescencia”.  Pero es que no sólo sale un mamerto nuevo cada día, surgen a centenas y en cualquier lugar. Ayer la OMS nos advertía de que comer más de cincuenta gramos de carnes procesadas al día era tan malo como el plutonio, el tabaco o el amianto y aumenta un 18% las posibilidades de contraer cáncer, es decir, que el jamón es tan malo como el tabaco según la OMS. Al escuchar esto el ochenta por ciento de los españoles nos empezamos a mirar unos a otros mientras pensábamos “será que en este país somos inmortales”. Me encantaría que los científicos encargados de hacer este estudio entraran en un bar cualquiera a decirles a los españoles que no pueden comer más de cincuenta gramos de chorizo al día, no saldrían los científicos con cáncer de colon del bar, pero sí con una barra de chorizo incrustada en el colon. El embutido es malo, pero peor es Rossi que resulta que ahora se ha cargado su leyenda por quitarse de encima al pesado de la clase. Parece que la prensa española va a borrar los nueve mundiales de Valentino de un plumazo sólo por querer luchar por el décimo. A toda esta oleada de gilipolleces se ha sumado de cabeza Junts pel sí y la CUP iniciando el proceso de secesión, algo que saben que no es factible y es ilegal. Aún así ha tenido que salir el presidente Mariano Rajoy a recordárselo y dejar el tema en manos del tribunal constitucional, lo que le ha costado una lluvia de críticas de una parte de la derecha que esperaba los tanques, pero por mucho morbo que den los tanques, a esta gente también hay que decirla que eso no es posible y que el presidente ha estado sensacional, algo que no es demasiado habitual. Estas tonterías viniendo de Cataluña no nos deberían sorprender, al igual que cantaban “els segadors” esta mañana en el parlament todos los partidos menos Ciudadanos, encabezados por una elegantísima Inés Arrimadas cruzada de brazos, defendiendo la dignidad de los españoles. Cerraba la mañana leyendo un artículo de Santiago Navajas sobre la bandera de España, donde decía que en un mitin de Santiago Carrillo la seguridad del PCE tuvo que retirar una bandera tricolor por respeto a la rojigualda y me ha sido imposible no pensar en todos estos rojos contemporáneos que escupen a su bandera y parecerme irónico. Igual de irónico resulta que la mayoría de antitaurinos sean abortistas. Pero ya ven, España es un país de muchas gilipolleces que se juntan y crean espléndidas mañanas.

“Un burro con gafas sigue siendo un burro”

Creo profundamente en el ser humano como especie porque soy un ferviente amante de la civilización, en el amplio sentido de su significado. Lo cual me lleva a contradecirme gravemente por el gran rechazo que me crea la sociedad contemporánea, porque la civilización lógicamente es imposible sin sociedad.

Vivimos en una sociedad basada en unos valores que a la mayoría de las nuevas generaciones no se le han sabido inculcar y esto hace que se derrumbe el castillo de naipes. Estamos creando un mundo de “animales civiles”, en el que no quedan ni principios ni formas, todo el mundo cree tener autoridad suficiente como para pisar a cualquiera o comerse a los demás. En vez de seguir avanzando hemos empezado a destruir y quemar ideas y valores que nos han hecho llegar hasta hoy. Hemos pasado de preguntarnos por qué estamos aquí a nivel colectivo, a afirmar que estamos aquí para gozar a nivel individual.

Cada vez la formación de las personas es más pobre y tiene más barreras, lo que crea una falta de ambición general por el descubrir y el saber, cuando hoy en día vivimos en constante contacto con medios que nos lo facilitan. Estamos rodeados de información y la apartamos constantemente, la sustituimos por algo que distraiga nuestra mente, que no la haga pensar y que la evada de la vida real. Estamos creando un mundo de imbéciles con títulos universitarios, másters y demás que se han aprendido muy bien una serie de palabras, pero que no tienen ni puta idea de lo que han estudiado. Estamos creando un mundo de gente que no entiende lo que lee pero que sí sabe repetirlo. Los jóvenes de hoy en día son cada vez más incultos y borregos por dos razones muy sencillas: porque han adquirido el discurso general de quejarse de lo mal que van las cosas, y porque en realidad no les importa si las cosas van bien o mal mientras ganen su dinero repitiendo gilipolleces y se puedan fumar unos porros con los colegas. Pero por muchos títulos, trabajos o dinero que tenga un burro, seguirá siendo un burro.

Estamos involucionando en el momento de la historia en el que más medios tenemos para descubrir. El saber está reservado para unos pocos que sepan llegar hasta ello. Nos estamos convirtiendo en una sociedad de burros sin valores que creen que piensan libremente porque tienen a alguien al lado que les está diciendo que piensan libremente. Ya no nos importa tanto el por qué de las cosas sino el para qué. ¿Para qué preguntarse las cosas, para qué buscar respuestas si puedo elegir divertirme y no pensar?

El afán del ser humano por el saber nos ha hecho llegar aquí y ahora nos destruye el placer individual, sin darnos cuenta que el mayor placer es descubrir la respuesta, no ignorar la pregunta.

 

 

“Me duele España”

“Me duele España”

Si preguntas por la calle a los españoles qué es la Constitución española probablemente un importante porcentaje de jóvenes responda “pos lo que constituye España”, porque la juventud de hoy en día, y la no tan juventud, se cree que sus derechos y libertades proceden de la gracia divina. Vivimos en un país enfermo provocado por la falta de respeto general que existe entre sus gentes, un extremo rechazo a tener una identidad nacional y una enorme falta de cultura.

“Spain is diferent”, España es tan diferente que un diputado puede romper un ejemplar de la constitución de su país en medio del congreso y que esto sea tomado como una noticia anecdótica. Si algo así ocurriera en un país serio, el señor Sabino Cuadra no podría volver a entrar en el congreso, no se le dejaría dedicarse más a la política y se le caería la cara de vergüenza cada vez que pisara la calle. Pero España está muy lejos de ser un país serio, ese acto es tratado por los medios como un acto de “rebeldía”, como una acción de “libertad de expresión” que prácticamente nadie condena públicamente, es simplemente una noticia más para la gran mayoría. El señor Sabino Cuadra ha despreciado públicamente la norma suprema por la que se rige este país, ha roto las hojas que recogen las leyes y derechos de todos los españoles, ha desmenuzado, curiosamente, el documento que le permite hablar en el congreso en representación de una parte de los españoles, prácticamente es como si hubiera escupido en la memoria de todas esas personas que lucharon para que hoy España sea un país libre, ¿y cuál ha sido la reacción del gobierno, de las autoridades y de los ciudadanos? Ninguna. Es más, seguro que a los progres y modernos les ha hecho hasta gracia, porque son muy antisistema y un documento del sistema que encima les da derechos no puede ser bueno.

“Me duele España” que diría Miguel de Unamuno, me duele el desprecio diario al que está sometido mí país por sus propias gentes, me duele el extremo egoísmo del ciudadano español, me duele que los jóvenes desconozcan la historia de su país, me duele que la bandera española sea interpretada con ideas equivocadas, me duele que romper públicamente símbolos y emblemas de mi país no sea castigado, me duele la falta de reconocimiento a todas esas personas que nos dieron la Constitución y con ella voz y voto, me duele que los españoles no se pongan de pie cuando suena su himno, me duele la terrible putrefacción que sufre mi país.

“Me duele España, ¡soy español, español de nacimiento, de educación, de cuerpo, de espíritu, de lengua y hasta de profesión y oficio; español sobre todo y ante todo”. Miguel de Unamuno.

Impopular

Impopular

Hizo falta la foto de un niño muerto en una playa para que el mundo se diera cuenta de que hay guerras en este planeta. Hace una semana media España no te sabía señalar Siria en un mapa, a día de hoy tampoco, pero sí se sabe que están en guerra y hay que sacar a los sirios de su país, aunque no se sepa dónde está.

La guerra de Siria ha pasado de ser una de las tantas guerras de este mundo, a ser la única guerra que parece haber, y eso que empezó en 2011 aunque la mayoría se enterara de su existencia hace cuatro días. Y sí, la población de países en los que hay conflictos bélicos sufre consecuencias, por lo tanto hay que ofrecer y enviar ayuda a esas personas que viven en medio del caos, y sí, a veces también hay que ayudarlas a salir de dichos países. Pero Europa no puede actuar de hermanita de la caridad y empezar a acoger masivamente a la población siria sólo porque una foto haya conmocinado al continente, principalmente porque no está preparada para hacerlo, secundariamente porque si lo hiciera correría el gran riesgo de que islamistas radicales se colaran entre los refugiados.

Toca la sensibilidad del ser humano ver a un niño pequeño muerto en la playa, al igual que la toca ver a los niños de África muriéndose de hambre en el anuncio de Unicef, o la toca la pobreza en India. En cambio nadie propone traer millones de africanos a Europa para que no se mueran de hambre, o millones de indios para darles recursos, porque son soluciones inviables. Quizá la solución no sea llevarse a la población de los países en los que actúa el Estado Islámico, sino hacer frente a estos bárbaros. Quizá haya llegado el momento de que Europa tome la iniciativa y haga frente al terrorismo en su territorio.

Hay un grupo de salvajes sembrando el caos a diestro y siniestro, amenazando a la civilización. El mundo civilizado está en guerra contra el Estado Islámico y la solución no es esconder a la gente del terrorismo, la solución es combatirlo.

 

 

 

 

Nota: he tenido un dilema moral sobre si subir la foto del niño Sirio, finalmente he decidido subirla porque creo que hay que concienciarse sobre las desgracias que provoca el terrorismo. A ese niño no lo ha matado Europa, lo ha matado ISIS.